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Apocalipsis Estético y Fin de la Erótica

Posted on November 24, 2020 at 5:55 AM

De los muchos Signos de los Tiempos que las diferentes tradiciones recogen como indicadores del fin de este ciclo de vida (léase la autobiografía, El Hijo del León), ninguno de ellos es que las chicas guapas de una ciudad se vistan de anestesistas. Jinetes, trompetas, humo, amaneceres desde el Oeste… pero ningún texto escatológico dijo nada del ambiente de sala de recogida de análisis de orina que iba a haber cuando llegase la Hora.


Incluso en un país como Brasil, sensual, erótico, meca de la belleza femenina, universidad de artes hieródulas, templo internacional de Afrodita, incluso aquí el panorama actual resulta tétrico. Se empieza por taparse la boca, y se sigue por dejar de sonreír. Y si una mujer no puede mostrar la belleza de su rostro, ¿por qué mostraría la de su escote, curvas, bunda? Se acaba por ponerse ropa a juego con EPI´s sanitarios. La Garota de Ipanema lo tiene chungo para darse un paseo y llenar el mundo entero de gracia. Es que vaya cromo…


Si esto ocurre en Brasil, ni me puedo imaginar lo que está ocurriendo en su antípoda sexual con mis queridos compatriotas. En los últimos veinte años, España se ha convertido en uno de los peores países para tener relaciones sexuales. Ya antes del covid-19, España estaba al mismo nivel very hard para ligar que en Arabia Saudí o Irán. La pinza realizada por la Conferencia Episcopal y el Feminismo durante décadas contra cualquier expresión sana de la sexualidad, culminó finalmente con la llegada al poder de la Sección Femenina de Podemos y su sharia antierótica. Y cuando se reprime Eros, explota Thánatos: justo después del anuncio de ley de la talibana Irene Montero en Marzo, llegó la orgía necrófila del coronavirus. Primero se criminaliza el deseo sexual (Ley de Libertad Sexual), después se legaliza la muerte (Eutanasia). Primero se prohíbe decir un piropo, después se aseguran de ello con un bozal. Primero vino el “Sólo Sí es Sí” y después se pasa con el confinamiento al “No, que no, que te he dicho que no, que no salgas de casa, que no vas a follar en tu vida”.


Resultado: los niveles generales de libido en caída libre, inversamente proporcionales a los gráficos de paro, pobreza, depresión y suicidio. Tengo amigos españoles con menos de cuarenta años que definitivamente han arrojado la toalla en lo que a vida sexual se refiere. Nadie habla de esto: son centenas de miles, es un ejército de incels y neomonjas, una famélica legión sexual. Ellos suelen centrarse en el empleo (si lo tuvieran), en los videojuegos, en las redes sociales, para definirse como MGTOW y vivir a su bola, mientras ellas se hacen de un satisfyer y un perro (como sustitutos menos problemáticos que un varón tóxico y un hijo celiaco). Resulta desolador... pero así es. Nadie lo dice pero alguien tiene que hacerlo y voy a ser yo: somos víctimas de una Guerra Mundial de Sexos que se ha llevado a cabo en los últimos años a través de una devastadora ingeniería social muy bien planificada. La bomba atómica de esta guerra mundial fue el covid-19; y el establishment sanitario, su Enola Gay. En Hiroshima, sólo con traje anti-radiación estará permitido hacer el amor.


Nunca me gustó el fetiche de la enfermera. A diferencia de mi maestro Fernando Sánchez Dragó, que ve angelicales seres de luz en ellas, yo veo orcos del averno. No sé cómo serán las enfermeras de la Clínica Ruber, pero sí sé cómo son las del ambulatorio habitual español: con mechas y aliento a cigarro rubio americano, voz resquebrajada, adictas al café y el escaqueo, maleducadas, vulgares, léxico de quien ve televisión por un tubo, tutean a los ancianos y les tratan como si fueran subnormales, uniformadas con ropa y calzado del Decathlon, con apodos como Charo, Merche, Cuqui, rencorosas, arrogantes, vengativas… ¿Crees que estoy generalizando a partir de alguna experiencia personal aislada? Pues es posible porque evito esa chusma hasta el punto de haber pasado el dengue a cara perro sin pisar un centro de salud.


Lo confieso: comencé a preocuparme seriamente por nuestra supervivencia como seres humanos, cuando vi a millones de ellos aplaudiendo al personal sanitario en los balcones. Ahí vi las orejitas al lobo. Ahí dije: “Agárrate, que vienen curvas”. Cuando después vi a las enfermeras bailando la Macarena y Beyoncé en videos de TikTok, me dije: “Chaval, apriétate los machos si es que aún tienes algo que apretarte” y empecé a construirme un búnker para mi modesto harén. Todo indica que esta vez no se trata de una falsa alarma: El Fin está cerca, Winter is coming, el milenarismo va a llegarrrrrrrrrrr. El Soldado Desconocido de esta Guerra Mundial, el bombero jubilado de nuestro 11-S, el mártir chantajista de este circo sin leones, el símbolo de manipulación de masas de este evento resulta ser la enfermera. Encarna como nadie el colaboracionismo más cínico con esta tiranía sanitaria de trasfondo eugenésico, la superioridad moral de la mujer trabajadora moderna, y la devastación de la belleza necesaria para implementar la Nueva Normalidad. ¿En qué consiste esa Nueva Normalidad? Nadie lo ha dicho con tal crudeza como lo voy a decir ahora: la Nueva Normalidad significa que se terminó definitivamente el sexo. Para siempre. A partir de ahora, sólo cibernético, con aparatos, robots, pantallas, VR, lives, Tinder, sugar daddies, virtual crush, selfies, QrCode, Instagram, likes, cosas raras… pero el sexo que conociste, el de toda la vida, se acabó. Afrodita, celadora subcontratada. Vacunaron a Cupido. Venus con Burka FFP1. Mataron a Eros. Se acabó.



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