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El DataĆ­smo y Mi Ornitorrinco

Posted on October 30, 2020 at 4:15 PM

Desde la arrogancia temeraria de mi juventud, allá por 2009, dejé por escrito en La Danza Final de Kali, lo siguiente, en el Capítulo XIV, en el apartado El dato como unidad cuantitativa de información:


Pongamos un ejemplo para hacer entender la maquinaria informativa global. A un europeo que nunca ha salido del interior de Europa, le enseñamos la foto de un ornitorrinco. Tras el dato visual, le damos tres datos: a este bicho le gusta vivir en agua dulce, pone huevos, y tiene pico de pato. El europeo procesa la información y dice: “Le gusta el agua, pone huevos… si tiene pico de pato es un pato, ¡Es un pato!”. Así, una completa falsedad se ha convertido en verdad informativa, sólo con una secuencia de datos ciertos. Mientras nos interese –como informadores- mantener en pie esa verdad, nosotros podemos reforzarla a través de más datos: este bicho nada muy bien, construye nidos, mide 40 centímetros… Sin embargo, el poder destructivo de la información no sólo permite mantener una falsedad como verdad a través de datos ciertos, sino que –en última instancia- permite destruir los principios cognitivos de verdadero y falso a través de una secuencia indefinida de datos.


Ejemplo: tras ofrecer más datos sobre el ornitorrinco al europeo informado, le damos un dato clave: este animal es un mamífero. Tras escuchar el dato, el europeo se rasca la cabeza, y piensa: “Creo que los patos que conozco no hacen eso”; se vuelve a rascar la cabeza, y dice: “¡Es un pato un poco extraño!”. El europeo continúa escuchando fascinado datos, datos y más datos sobre el ornitorrinco.


Tanto escucha sobre el ornitorrinco que son los propios patos reales los que se han vuelto extraños; el ornitorrinco le es tan familiar que él define su nueva concepción de pato. Tras horas y horas de una continua secuencia de datos, el europeo sabe lo que ese bicho come, cuántas horas duerme, cuánto pesa, cuándo se aparea, cuántas crías tiene, cuántos años vive, cuáles son sus enemigos… y sin embargo, ¡no conoce nada al ornitorrinco! ¡Nada! No sólo eso: no conoce ni su nombre, ni el ser que ese animal es; y además lo confunde con un animal completamente diferente… ¡el pato! Si el informador quiere llegar a la última fase del proceso informativo de control mental, bombardeará la mente del pobre europeo con más y más datos (algunos ciertos, otros no tanto). La capacidad de procesar información encontrará su límite con cierto número de datos, y –entonces- la estructura mental del hombrecito colapsará de tal forma que nunca más podrá saber qué es qué, ni un pato, ni un ornitorrinco, ni otra cosa. Los datos seguirán en su memoria; ellos configurarán inútil información sobre una realidad que desconoce; él dirá “estar informado” con respecto a algún tema… y sin embargo, su capacidad cognitiva habrá estallado en mil pedazos, y el control mental en manos del informador se habrá hecho ilimitado: si el informador da el dato de que ese bicho vuela, el europeo lo creerá; si le da el dato de que ese “pato extraño” es una amenaza para su seguridad, el europeo lo temerá como terrorista; si le da el dato de que ese animal es un “enemigo público”, el europeo declarará la guerra a los ornitorrincos… ¡sin saber lo que son!. Así funciona -grosso modo- el proceso que sufre todo hombre moderno.



Esto es lo que escribí siendo joven, en 2009, en La Danza Final de Kali. Seis años después, otro joven (no tanto como yo pero más o menos de la misma quinta), el israelí Yuval Noah Harari, escribe por primera vez sobre lo que él llama “dataísmo”. ¿Qué es el dataísmo? ¿Un nuevo “ismo”? No sólo. ¿Una filosofía? No exactamente. ¿Una nueva religión? Esa es su aspiración.


Dataísmo es exactamente lo que yo anunciaba con mi ornitorrinco hace más de diez años: una reducción de la experiencia humana (y en última instancia, de la propia humanidad en su conjunto) a mera información. Tras esa reducción, el valor de la vida humana reside en su procesamiento como información. Según el Dataísmo, el sentido de la existencia humana por fin se ha encontrado: decodificar nuestra vida como información (bytes) procesable por algo transcendente al plano individual. Y he ahí la aspiración religiosa del dataísmo: el tradicional Dios intangible, espectral, inútil y muerto desde Nietzsche en los tiempos modernos, deja paso a un dataísta Dios, también intangible, también espectral, pero finalmente vivo y útil para esta nuevo mundo recién estrenado. ¿Qué mundo es ese? Pues este en el que estamos viviendo, si es que a esto se le puede llamar vida.


¿Y qué Dios es ese en definitiva? A ese Dios lo podéis llamar Big Data, Inteligencia Artificial, Internet of Things, como queráis... En verdad no importa cómo lo llaméis porque ese Dios ya está operando aunque no lo nombréis, aunque no sepáis de su existencia, aunque no creáis en él. Quizás sea el primer dios de la humanidad al que no le interesa la fe que inspira en los hombres. Quizás también por eso será nuestro último dios: el Dios de Silicon Valley, de la religión que dio respuesta fácil a los más complicados problemas del alma humana. Ante la mortalidad del hombre, el dataísmo ofrece la indestructibilidad del dato. Ante la libertad y el destino del ser humano, el dataísmo ofrece un Big Data que va a decidir por nosotros. Ante la Providencia o la Inteligencia Divina, el dataísmo ofrece un algoritmo indefinidamente perfeccionado. Ante los dolores de la carne y la fragilidad del cuerpo, el dataísmo ofrece biotecnología y una nueva salud transhumanista. Ante los dolores del alma y la naturaleza humana, el dataísmo ofrece una mezcla de potentes analgésicos y antidepresivos, con un relativismo moral que aniquila toda conciencia. Ante la realidad persistente del mundo, el dataísmo ofrece la Realidad Virtual de un videojuego 3D cada vez más realista. Ante la complejidad de las cosas, el dataísmo ofrece Internet of Things. Ante el misterio del Amor, el dataísmo ofrece cibersexo, robots sexuales y monitoreo bioquímico. Ante el dilema del Poder y el gobierno de los hombres, el dataísmo ofrece una SuperDemocracia gestionada con Inteligencia Artificial. Ante el Logos Divino, el dataísmo ofrece comandos informáticos de unos y ceros. En definitiva, ante el Conocimiento Tradicional, el dataísmo ofrece información. ¿Y qué es la información? Una larga secuencia de datos alrededor de un abismo de profunda ignorancia.


En esa abismal ignorancia habitamos. Novus Ordo Seclorum. New World Order. Nuevo Orden Mundial. Ya no es un libro escrito en mi juventud, sino nuestra incontestable realidad en presente continuo.




Fontes:

Homo Deus: A Brief History of Tomorrow, Yuval Noah Harari

La Danza Final de Kali, Ibn Asad 

The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology, Raymond Kurzweil

 

 


 

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