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CRÓNICAS

LA DANZA FINAL DE KALI

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Actuales Apestados y Violadores en Potencia

Posted on January 26, 2021 at 9:45 AM

Publicado en Posmodernia:

Actuales Apestados y Violadores en Potencia


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El Rollo Maniqueo

Posted on January 20, 2021 at 9:45 AM

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El Rollo Maniqueo


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Congreso Ayahuasquero de los Diputados

Posted on January 15, 2021 at 10:10 PM

Supongo que habría que cambiar la Constitución y lo que llamáis “marco legal” no lo permitiría, pero que no sea por falta de propuestas para salvar la maltrecha institución: propongo insertar una sesión anual de ayahuasca en el Congreso de los Diputados. Os escandalizará mi Proposición Sí de Ley de introducir enteógenos en el órgano parlamentario, aunque si reconocéis que los padres atenienses acudían a Eleusis una vez al año, yo me empezaré a creer eso de que defendéis la democracia. ¿Por qué no? Lustrar las cortes con una ceremonia de ayahuasca que abra las puertas de la percepción que decía William Blake, para mejor funcionamiento de la institución y sesión de control de la Cámara. Propongo un verdadero debate sobre el estado de la nación.


El acto empezaría con unas solemnes palabras de apertura por parte de Maritxell Batet, que cedería la presidencia para la ocasión a la autoridad chamánica que dirigirá la maratoniana sesión. Como ministro conductor, creo que por consenso, se designaría a Escohotado o a Dragó, o a los dos juntos, porque para estos asuntos, tanto monta, monta tanto, Antonio como Fernando. Por orden alfabético sus señorías consagrarían el daime y se sentarían en sus escaños mientras la densa medicina obscura se desliza por sus gaznates. Tras la toma del yagé por todos, desde Ábalos Meco hasta Zurita Expósito, se bajarían las luces de la sala, y en penumbra y silencio, los señores diputados empezarían a encontrase incómodos dentro de sus trajes. Comenzarían a sentir frío y calor al mismo tiempo, las corbatas se desabrocharían, las gominas y lacas del cabello se disolverían en la copiosa transpiración que anuncia el inicio del trabajo espiritual… Primeros bostezos, primeras arcadas, primeros suspiros… ¡Ay, Dios mío! ¿Qué me está pasando, señorías?


La ayahuasca suele actuar las primeras veces como un implacable examen de conciencia, disuelve las imposturas del alma, caen las máscaras. De nada le serviría el Doctorado a Pedro Sánchez, el Máster a Pablo Casado, la Perspectiva de Género a Carmen Calvo: todos esos atributos del nombre se convierten en complementos circunstanciales de un tiempo que parece chicle. A la media hora dilatada como si fueran cuatro enteras, un descompuesto Presidente del Gobierno bajaría a un falso impluvium habilitado para ejercer de aliviadero: primer vómito del primer ministro, que ya no se ve tan guapo. Entre el resto de ministros, el rencor de Pablo Iglesias se transformaría en fétidas flatulencias cuya evacuación incomodarían a sus compañeras de escaño. A su izquierda Nadia Calviño, tapándose la nariz, empezaría a dudar de que dos más dos siempre sean cuatro. A Teresa Ribera, por su parte, le entraría la risa floja al recordarse responsable de algo que suena tan pomposo como “la Transición Ecológica y el Reto Demográfico”. Su ataque de carcajadas se contagiaría entre un ya alucinado Grande-Marlaska y un Pedro Duque que nunca antes se vio viajando por estrellas tan lejanas. Irene Montero, buceando en calidoscópicos mandalas, comprobaría de manera empírica que la igualdad es un anatema de la naturaleza, y que ella ejerce el cargo de ministra de algo que no existe en este planeta. El Ministro de Consumo, Alberto Garzón, se limitaría a llorar desconsolado como un bebé, acurrucado en un rincón.


En la bancada de la oposición, Santiago Abascal empezaría a dudar de su fe católica y pondría en entredicho eso de “las raíces cristianas de España” al verse abrazando un holográfico Ganesha de cuatro brazos y larga trompa. “Hari Om”, entonaría como letanía Macarena Olona. Entre los diputados del PP abundaría la desazón y el nerviosismo general, que contrastaría con una traviesa Cayetana Álvarez de Toledo, a la que le ha dado por jugar con las manos y lanzarse aviones de papel con otro diputado al que también le ha sentado bien la ayahuasca, Gabriel Rufián. A ERC, como a todos los republicanos en general, la telepatina les daría un gozoso acceso a una experiencia directa de Res Publica, de pertenencia orgánica a la comunidad. Algo diferente actuaría en los diputados de la antigua CiU y PNV: a la burguesía catalana y vasca la ayahuasca les sentaría tan mal como a los carlistas la pipa de kif. Ciudadanos e Inés Arrimadas, entre la estupefacción y una discreta diarrea. El Grupo Mixto aguantaría con buen semblante el tirón de la fuerza de la abuelita Aya. No como Bildu, que como siempre daría la nota desagradable, con alguna diputada que montaría el pollo con convulsiones violentas en el suelo, espumarajos en la boca, histriónicos espasmos, teatrales incorporaciones mediúmicas con diglosia euskalduna.


Pero a las siete horas de sesión, tras tres tomas de brebaje de la floresta, poco a poco sus señorías irían retornando del Hades, volverían del viaje tras abrirse paso hacia el otro lado, completarían la epopeya de Gilgamesh. El velo de Isis, rasgado durante un limitado tiempo con anhelo de eternidad, volvería a mostrarse intacto. Encenderían las luces y nuestros diputados empezarían a conversar en susurros. El hemiciclo habría deshecho, aunque fuera a través de una experiencia psicodélica, las débiles ínfulas que diferencian los grupos parlamentarios y sus inconsistentes identidades ideológicas. Los políticos habrían experimentado que, aunque se les paga por parlar, necesitan aprender del silencio. Nuestros representantes constitucionales habrían hecho algo que ya hicieron antaño los pioneros de la democracia y que se hace aún hoy en día en asambleas democráticas directas de aldeas amazónicas. Esta es mi propuesta para mejorar nuestro sistema político: una sesión ritual de Yagé en el Congreso de los Diputados. A los que no conozcáis la infusión del jagube y la chacruna, todo esto os parecerá una frivolidad y una estupidez. ¡Y os entiendo! Pero los poquitos que conocéis el severo magisterio de la Sagrada Ayahuasca, sabéis que hablo en serio y que quizás no haya escrito palabras más lúcidas que éstas.


 

Castigados sin Postre

Posted on January 13, 2021 at 4:05 AM
Publicado en La Columna de Sánchez Dragó de Estado de Alarma: 


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2021, Una Odisea en el Cansancio

Posted on January 6, 2021 at 1:05 AM
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Underground

Posted on January 5, 2021 at 7:00 AM

Cuando era joven y estúpido (o quizás más joven y estúpido de lo que ahora soy), valoraba el arte en la medida en la que resultaba contestatario. Toda la Generación X, aquella que va desde la mitad de los años 60 hasta los inicios de los 80, sufre esa tara que Antonio Escohotado llama “conciencia roja”: no nos gusta lo establecido como al mocoso no le gustan las acelgas. Somos revolucionarios anti-sistema como las ladillas son contumaces anti-pubis. Se exige del arte, al menos, una aparente función de pataleta transformadora de la realidad. Con el paso del tiempo, la cultura dominante es fagocitada por el movimiento contracultural que, a través de la ley de los signos en la que menos por menos es más, pasa a convertirse en el siguiente establishment a derribar.


Cuando era joven, estúpido, y empezaba a interesarme por la música y la literatura, el mejor elogio que un artista podía recibir era el de underground. Era sinónimo de autenticidad, de carácter genuino, de coherencia de principios, de no doblegarse a las modas e imposiciones del poder. Después, cuando creces y vas aprendiendo algunas cosas, entiendes que underground no deja de ser una maravillosa estrategia de los editores y productores musicales para no pagar al artista, o pagarle muy poquito. El artista underground es aquel imbécil en el que su vocación por la música o la literatura es tan irremediable, que le vas a tener tocando en un puticlub o recitando poemas bajo un puente, le pagues o no le pagues. Así es hasta el punto de que en la lengua española, el antónimo de underground cuando se trata de arte, resulta ser el adjetivo comercial. “¿Te gusta aquella banda de música?” “No, se ha vuelto muy comercial”. Esta conversación que todos hemos oído ilustra el misterio de que compremos música que no nos gusta, mientras condenamos a los músicos que nos gustan a morirse de hambre. El sadomasoquismo artístico: si tu arte es bueno es porque yo como público te las hago pasar canutas.


A estas alturas, da igual. En la actualidad las premisas artísticas de la Generación X, con su insoportable superioridad moral analógica, han sido reventadas por la cohorte digital de la Generación Z, menos hipócrita y más pragmática. Ni los músicos comerciales venden música por culpa del streaming, ni los escritores best sellers venden libros por culpa del e-book. Y para citar algo positivo que puede traer este 2021, es muy probable que el futuro inmediato del arte pase por volver al underground. Herbie Hancock lo señaló recientemente con respecto al Jazz, pero yo creo que resulta aplicable también a la música blues, flamenca, rock, latina, urbana, electrónica… Lo mismo ocurre con la literatura y, en definitiva, con toda forma de arte. Hay que volver a las raíces, y ellas están bajo tierra; hay que volver al underground.


Los que nunca salimos de él y conocemos bien los peligros telúricos que aquí dormitan, recomendamos empezar a encarar esta realidad con la lectura de El Rey del Mundo de René Guénon. La lectura les parecerá anacrónica en un inicio, algo rara, pero pronto abrirán los ojos como lo hizo el poeta Tom Waits. El “Centro” permanente no es que se haya perdido y haya que buscarlo, como insistió en su error el siciliano Franco Battiato, sino que está oculto bajo tierra y hay que osar desvelarlo. Los artistas se asemejan a los mineros, agitando esos grandes huesos negros en la zona peligrosa. Si quieres descubrir la música cnótica, pasa olímpicamente del Spotify y baja al antro donde hay una juerga clandestina. Si quieres conocer la literatura de tu tierra, olvida Amazon y baja al cuchitril de subsuelo donde se reúne el club de los poetas, si no muertos, sí algo zombis. No encontrarás a músicos, a escritores, a artistas, ni en programas de televisión, ni en videoclips de YouTube, ni en grandes librerías. Los descubrirás bajo tierra en la oscuridad de la noche. Ellos están vivos; ellos están despiertos mientras el resto del mundo duerme. Y por debajo de las carreteras hacia la mina, todo se desarrolla. Hay un mundo funcionando bajo tierra.


El viajero erudito Ferdynand Ossendowski se refirió a ese mundo como Agartha (o Agarthi): un misterioso centro interior donde reside nuestro principio supremo, al que el polaco designó como Paradesha, una voz sánscrita que podría traducirse como “Tierra más allá”, y que coincide con el lema oficial del emperador Carlos I (TERRAE PLUS ULTRA), y este a su vez con las dos columnas de Hércules tras su décimo trabajo. Ossendowski señala que hay múltiples accesos a Agartha en diferentes puntos de nuestra superficie existencial, para diferentes culturas. Para los chinos y mongoles, el Desierto del Gobi, que es el que él señala. Para los indios, Himalaya. Para los budistas, Shambala. Para los celtas, Finisterre. Para los incas, Machu Picchu. Para los grecolatinos, Gibraltar. En la cultura jazzística, Agartha se codifica como Agharta a través del mago negro Miles Davis y su ritual afro-dáctilo celebrado en Toquio el 1 de Febrero de 1975. Según la Tradición, a medida que nuestro ciclo de vida se cierra, el centro de Agartha va cerrando también sus accesos físicos, y a estas alturas del Kali-Yuga, en 2021, sólo el arte consigue abrir el portal.


¿Para qué seguir escribiendo libros o creando música en 2021 si ya nadie paga por leer libros o escuchar música? Mi respuesta: para desvelar esta extraña realidad y mostrar sus coordenadas de acceso interior. Sé que es la respuesta más friki y perruna verde que se puede dar, pero también es la más sincera en mi caso. Hay una gran pueblo oscuro en un lugar que yo he encontrado. Hay un mundo andando bajo tierra, underground.


 

Gratitud, Brasil

Posted on December 24, 2020 at 1:25 PM

Entrada de tinte más personal. Tras más de quince años de vagabundeo brahmacharya, peregrinación boba de Oriente a Occidente, colaboración docente itinerante en el Instituto Cervantes, cierro un ciclo de vida. Uno de ellos, el de la última década, el brasileño.


Una mujer brasileña me llevó a Brasil y un centenar de ellas me convencieron a quedarme. Dilatado periplo tropical difícil de resumir en unas líneas. Privilegiado por conocer seres humanos de otra galaxia, chamanes, magos, ogãs, hechiceros cafusos, txais caboclos, discretos y silenciosos alquimistas, pretos velhos, brujas, pajés, hieródulas, pais de santo y algún que otro hijo de Exú. Para mí Brasil fue la tierra que permitió explorarse hasta mi límite. Mi sagrado Ganges es el río Amazonas. Tuve la honra de trabajar junto a músicos con los que compartí momentos que me llevaré a la tumba, acompañé a bluesmen y jazzmen de renombre así en la Tierra como en el Cielo, giré con ellos tocando en bares, garitos, cabarets, cuchitriles, festivales de jazz, casas de bossanova y MPB, ruedas de samba y clubes nocturnos que ni imaginaba que podían existir. Viví una bohemia monacal; practiqué la ascesis dionisiaca; fui un yogui, si no completamente libre, al menos sí algo libertino.


Ahora tutto è finito, como dice el maestro. Ya Enero de 2020 mostró que pintaban bastos, con el Instituto Cervantes en descomposición. Durante el Carnaval de Febrero algo raro ya ocurría, musicalmente deslucido, y en Marzo era oficial: dejaron de celebrarse eventos musicales, se suspendieron todos los festivales, las clases se interrumpieron en escuelas y universidades. Empecé a ejercer de profesor ciborg y mis alumnos se convirtieron en avatares del zoom. Las jams sessions en antros se convirtieron en aburridísimas ‘lives’ higiénicas de Instagram. Las casas de shows y estudios de grabación cerraron; muchas de ellos, para siempre. Aguanté como espartano todo el año 2020 hasta asumirlo: This is the End, beautiful friend... Empecé a tramitar mi repatriación para volver a España en Enero de 2021. A España, o a la Península Ibérica como decís los más lusófobos, o al Estado Español, los que os empeñáis en ver a ciudadanos libres como funcionarios. En cualquier caso, como España, Hispania, Expaña, Ítaca o Bandarralandia, yo vuelvo a casa.


Para sufragar mi repatriación he publicado un álbum recopilatorio de mi música autoral durante esta década con el título Gratidão Brasil. Dos horas de música para narrar diez años de vida. Música propia, bandas y formaciones propias, producciones propias (dejando a un lado colaboraciones, giras y trabajos de estudio para otros músicos) .  Puedes escuchar Gratidão Brasil en Spotify o en Bandcamp. Si quieres escucharlo, por favor, haz una donación. La que quieras ,1 euro, 10, 50, 100 ó 1000, pero por gentileza, colabora. Me niego a ser tan cursi de llamar crowdfunding a pedir ayuda a mis compañeros de viaje. Eso es lo que estoy haciendo. Si alguna vez leíste un libro PDF gratis, disfrutaste algún escrito o estuviste en alguna jam session enteógena como público, colabora. Yo te lo agradeceré; si es posible, en persona, dentro de algo más de un mes, si Dios y el test PCR quieren.




Donación Por Paypal



Gracias por ayudar en mi repatriación. Gratitud es lo que siento hacia este país de origen y hacia el país de destino. Gratitud por vivir el viaje. Pues hasta para morir, hay que ser grato. Hasta el final, Gracias por la Vida, y también, cuando toque, Gracias a la Muerte.

 

Pitufo Filósofo

Posted on December 20, 2020 at 5:15 AM

¿Por qué se señala a Salvador Illa como filósofo para ilustrar lo denigrado que está el cargo de Ministro de Sanidad? ¿Es que nadie pensó en los filósofos? Se supone que las credenciales de este sujeto son insuficientes para ejercer el cargo. ¿Acaso las que tiene lo son para ser llamado filósofo con esa ligereza? ¡Pobrecito Ministro! ¡Y paupérrimos filósofos!




¡Ojalá este salvador aislado (el nombrecito ya se las trae...) fuera filósofo! ¡Ojalá el Ministro de Sanidad fuera un cínico de la escuela de Antístenes y no de Pinocho! Si fuera filósofo, al menos sabría que la Ética es, desde Aristóteles hasta G. E. Moore, algo más que una técnica de marketing para vender buena imagen. Sabría que sus evidentes mentiras dinamitan los tres axiomas de la Lógica más elemental. Sabría que la Silogística para hacer obligatorias las mascarillas, también sirve para hacer obligatorias las camisas de fuerza o los embudos como sombreros preventivos. Sabría que ante la Deontología, como ministro, sólo le resta meterse un buen cicutazo por corromper a los jóvenes, en especial, a los que pensaron alguna vez en estudiar Filosofía.


Porque esa es la verdad que nadie se atreve a decir: Salvador Illa no es un filósofo sino otro Licenciado en Filosofía más, que hizo ese curso superior para cubrir el expediente de acceso a la plataforma nepotista de enchufes institucionales del politiquismo profesional. En España, tanto en Barcelona como en Madrid, los niños-bien tienen que hacer alguna carrera cuando crecen, para que no se diga, cuando empiecen a medrar en un partido político o en algún organismo de origen chungo (ONG´s, think-tanks raros, observatorios…;). Una de las licenciaturas más prácticas y sencillas para esta pija funcionalidad, es la de Filosofía, como muestra por ejemplo, la sexi amazona hípica Clara Serra y algunos cargos de Podemos Madrid, no sé a estas alturas si errejonistas o rejoneadores. En la Barcelona de Illa, ocurre lo mismo con los señoritos de la burguesía endogámica del PSC, que tienen derecho de pernada y de cota en cualquier gobierno socialista que haya en Madrid. Salvador Illa no es sino parte de la dote y de esa cota en el ejecutivo de Pedro Sánchez. Salvador Illa tiene de filósofo lo que Irene Montero tiene de psicóloga, lo que el Gran Wyoming tiene de médico, y lo que yo tengo de correcto político.


¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que una titulación universitaria en España tiene algún valor? ¿Por qué seguimos dando prestigio a ciertos diplomas que sólo certifican unas buenas juergas durante el año Erasmus? ¿Es que ningún niño va a señalar al rey desnudo? Quizás sea porque todos tenemos alguno de esos diplomas; todos nos vestimos con tela invisible. Yo conozco a un Doctor en Arquitectura que jamás ha construido una casa, ni sabe cómo rayos se hace eso. Dicho por él mismo. Conocí de forma íntima a una Filóloga de Lengua Inglesa que jamás había leído un libro entero en veintiséis años de vida, ni de inglés, ni de español, ni de colorear. Lo sé porque, incomprensiblemente, sacaba pecho de ello; y porque lo vi con mis propios ojos: su pecho y la ausencia absoluta de libros en la alcoba. Conozco a un Licenciado en Química al que enseñé a extraer psilocibina de un hongo, e incluso aislarla rudimentariamente con instrumental más propio del quimicefa. Ustedes también conocen casos así; no se hagan los longuis.


¿Hasta cuándo vamos a seguir sin aceptar que el mismo nivel de corrupción de la política, los medios de información o la judicatura, se encuentra en la educación y en las universidades? Esto viene de lejos y de fondo; y todos tenemos responsabilidad. Por lo tanto, esta vez, sin que sirva de precedente, no culpemos a los políticos. Tampoco a los ministros. Salvador Illa no tiene la culpa de ser quien es. La otra filósofa, Isabel Celaá, desafinada espineta de Deusto, tampoco tiene la culpa. Tampoco la tiene el Ministro de Universidades, al que al no recordar su nombre, llamaré Don Pimpón, que se le da un aire.


Pitufo Filósofo, Sexi Amazona, Don Pimpón... Como ven, yo siempre haciendo amigos, incluso a un mes de volver a España. ¿Me dejarán entrar en el país esta vez?


Aprender a Morir

Posted on December 15, 2020 at 8:20 AM

Por muy compleja que se muestre la realidad que estamos viviendo, el valor del símbolo como expresión metafísica permanece intacto. Este final de ciclo vital resulta desconcertante, violento y de difícil interpretación, es cierto; pero si peneramos dentro, se reconocerá que nuestro denominador común resulta ser la inmadurez espiritual y un suicida apego, si no a la vida, al menos a seguir viviendo.


Un símbolo apropiado sería el de un grupo de niños que juega en el patio de la escuela durante el recreo. Son los únicos veinte minutos de diversión entre horas y horas de aburridas clases. Un minuto antes de que acabe el recreo, empieza a llover. La profesora sale al patio para avisar de que es hora de entrar. “¡Niños, todos para dentro! ¡Se acabó el recreo!”, dice mientras suena la campana. Los niños reaccionan, sin querer entrar, de diversas formas: hay un niño que rompe a llorar sin consuelo bajo la lluvia, otro se rebela contra la profesora, un par de ellos se ponen a hablar para dilatar la entrada, una niña se hace la sueca y sigue jugando como si no fuera con ella, otra dice que tiene que ir al baño, otros dos se engarran en una pelea, otro finge que no puede andar… todos quieren permanecer en el patio, aun con lluvia, aunque sólo fuera por un minuto añadido, lo que sea por treinta segundos más.


Todas nuestras ideologías políticas y teorías filosóficas personales son las diferentes reacciones infantiles ante la voz de la profesora. No se nos ha enseñado lo más básico: vamos a dejar este mundo. Aprendimos ingeniería, cuatro idiomas, cocinar al wok, invertir en bolsa, formatear el PC, cambiar un neumático, editar videos chulos, conducir un camión. Y nadie ha aprendido a morir. Hemos dedicado la vida a lo que los niños dedican el recreo: a divertirse, a hacer el ganso, al fútbol ellos y a cotillear ellas, a cosas de niños. Y ante la campanilla de este fin de ciclo, pronunciar algo tan evidente resulta sobrecogedor: más pronto que tarde llegará un día en el que no estarás leyendo este texto, sino que sencillamente no estarás. Ni aquí ni en otro lugar que tu fantasía o consuelo religioso consiga proyectar. Insisto: mientras lloras, culpas a Fulanito o le metes el dedo en el ojo a Menganito, en breve vas a tener que entrar en clase. Casi, casi, ya. Ahora. Vivir uno, cinco, diez, veinte años más, no importa. Ante este puñetazo directo que te estoy pegando en los morros, ¿Cuál es tu reacción? ¿Vas a reaccionar? ¿De verdad?


Que no se me malinterprete: aprender a morir no significa dejarse matar. Creo que no soy yo sospechoso de silenciar los abusos del poder, la tiranía, la injusticia y el sometimiento e indignidad que la población sufre. Ahí están mis escritos como credenciales. Sin embargo también estoy harto de los niños que echan balones fuera, en el tejado de “las élites”, “el sistema”, “el capitalismo”, “los banqueros”, “el comunismo”, “el neoliberalismo”, “el gobierno”, “los illuminati”, “el vecino”, “el jefe”, “mi exmujer”, “mi exmarido”, o incluso en el tejado de los pobres extraterrestres, que bastante tienen con abducirme los viernes.


¿Qué es lo que vamos a hacer con el tiempo que nos queda? Pues de todo hay. Algunos marearán la perdiz. Otros se meterán en algún partido político. A otros les dará por aumentar los ceros de su cuenta corriente. Unos intentarán ayudar a otros. Otros disfrutarán zancadilleándoles, gozarán del dolor ajeno. Unos se dejarán llevar por la vanidad, la fama, los corazoncitos, escucharse y mirarse en el arroyo de las redes sociales. Otros aspirarán a casarse con el marido o la mujer de sus mezquinos sueños. Unos se embarrarán hasta la cintura; otros intentarán pasar por todo esto sin despeinarse. ¿Qué es lo que voy a hacer yo con el tiempo que me queda? Aprender a morir.



Los Cazafantasmas

Posted on December 10, 2020 at 5:50 PM

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Sars-CoV-2. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma. Y está bien llamado fantasma porque nadie jamás lo vio. Recordemos las mismas consignas propagandísticas de los primeros ministros y presidentes desde principios de 2020, al más burdo estilo de película bélica mala: “Estamos librando una batalla contra un enemigo invisible”. Arenga de guerra que lo mismo te sirve para un roto que para un descosido, para Osama Bin Laden o para el Cambio Climático, para el Loki de las eddas o para La Invasión de los Anticuerpos. Nadie va a poder desertar en una guerra cuyo enemigo es, de hecho, invisible, y en potencia, omnipresente.


Ocurre que el Sars-CoV-2 no es un villano de Hollywood sino un virus, y como tal, no puede ser tan invisible como les gustaría a los globalistas. Para que un virus sea considerado eso mismo, tiene que ser descubierto conforme a unos protocolos virológicos precisos y estrictos. Quizás no visible a ojos de los malditos políticos, pero para que un virus sea eso mismo tiene que ser aislado y purificado por ultracentrifugación diferencial isopícnica en laboratorio. Realizar ese trabajo y publicar los datos en un canal científico autorizado: sólo así nace un virus, no un fantasma, ni un espectro, ni un enemigo invisible. Eso no se hizo, no se ha hecho, y no hay ningún interés en hacerlo.


¿Estás negando la existencia del virus, negacionista malandrín? No, estoy asegurando que por ahora nadie puede afirmarla. Demostrar la existencia de una realidad es algo más que enumerar los argumentos para creer que su inexistencia es un absurdo, al estilo de lo que Tomás de Aquino hizo con Dios. Que las personas mueran por millares no demuestra la existencia de un nuevo agente vírico patógeno como causa. Es como si se demostrase que una casa está encantada porque los que duermen en ella tienen miedo por la noche. O como si un hombre-lobo existiera porque las ovejas amanecen degolladas. O como si el Hombre del Saco tuviera que existir necesariamente para no encarar el haber pasado la infancia entera aterrorizado sin motivo. Sé que esta mera posibilidad irrita al público y ahora algunos de los que me leen desearán mi contagio fatal de lo que sea que mate, como merecida maldición. Pero fuera del ámbito de la superstición y del miedo infantil, todos tendremos que admitir que, ante la innegable enfermedad de la Covid-19, el entendimiento se nubló en 2020 para dar como válida la respuesta más pasional, irracional y rápida posible.


Ocurre que ya cierto tiempo ha pasado y estamos cerca del aniversario. El espectro va a cumplir un añito. Y un año después, ya nadie se pregunta por el origen de la enfermedad. ¿Recuerdan aquello de la sopa de murciélago? ¿Recuerdan al simpático pangolín? ¿Al guarrindongo mercado de Wuhan? ¿Y al misterioso laboratorio a pocos kilómetros? ¿Recuerdan las declaraciones del Nobel Luc Montagnier? ¿Recuerdan la búsqueda del paciente 0? Nada de eso importa ya: todo aquello fueron cuentos chinos. El principio filosófico y científico de búsqueda de su causa primera para la resolución de un problema, fue atropellado por el frenesí técnico por atajar los síntomas y hacer caja rápida y gruesa con ello. En otras palabras: se desestimó la investigación del verdadero origen de la enfermedad, y se dio prioridad al desarrollo industrial y masivo de una vacuna.


¿Vacuna? Los lectores más atentos se preguntarán cómo es posible hacer una vacuna si no se dispone del agente vírico patógeno aislado. Vacuna viene del latín vacca, es decir, vaca, pues para desarrollar la vacuna de la viruela a finales del S. XVIII, Edward Jenner se sirvió del virus en su forma más benigna extraído de la ubre de una vaca. En el caso del Sars-CoV-2, ¿Cómo vacunar, si nadie dispone del virus que inocular atenuado? Pues porque no existe tal vacuna. En este caso, "vacuna" no deja de ser un eufemismo que hace más amable el prestarse como cobaya de un experimento de transgénesis sin ninguna garantía de seguridad. Si escuchas la palabra “vacuna”, vas a reaccionar mejor que si sabes que te van a meter un elemento biotecnológico de ingeniería genética de ARN sintético manipulado en laboratorio. Lo primero suena a vaca, natural y saludable; lo segundo suena a La Isla del Dr. Moreau. Publicitando el producto como “vacuna”, las espectadoras de TVE y de Susanna Griso, se lo inyectarán voluntariamente. Sin embargo, si la población fuera consciente de lo que es, sólo a través de amenazas, métodos coercitivos y decretos liberticidas, conseguirán hacerlo. Están en ello.


¿Qué capacidad de respuesta tendrá la población española a esto? Yo no lo sé. Con toda sinceridad: ni idea. Es conocida mi opinión ambivalente, incluso contradictoria, con respecto a los españoles. Por un lado, pienso que será difícil engañar al país de la picaresca, el tocomocho y el trile. Por otro, veo los resultados de las elecciones del 10N y se me cae el alma a los pies. Por un lado, no me creo que un matasanos etíope y cuatro burócratas de la ONU le vendan la moto a Lázaro González Pérez. Por otro, la negra que llaman honra, también tiene su precio. Por un lado, a veces pienso que todos los españoles somos Fuenteovejuna; otras veces pienso que simplemente somos ovejunos.


Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Sars-CoV-2. Todas las potencias farmacéuticas se han unido en una misma carrera para acorralar a ese fantasma. Y con la Navidad, también llegarán los cazafantasmas, aunque no les llamemos. Pronto vendrán los Ghostbusters, con sus cajitas humeantes de conservación en frío, sus trampas para atrapar ectoplasma, sus mangueras láser para destruir malvados y viscosos conspiracionistas verdes como yo. Mientras nos lo podamos tomar como una comedia blanca, habrá esperanza de que todo esto no acabe en tragedia griega.


 

Gulag Perimetral

Posted on December 7, 2020 at 5:15 AM

Cuando en 2013 vivía en una pequeña aldea del interior brasileño, escribí en El Hijo del León: “Todo en las ciudades está impuesto y controlado por un poder político que ya es global. No importa que estés en Valencia, Londres, Karachi o New York… vas a respirar el mismo aire contaminado, vas a vivir en los mismos apartamentos colmena, vas a comer el mismo grano transgénico, vas a trabajar para el mismo cártel bancario, vas a escuchar la misma música, leer los mismos libros, hablar la misma neolengua global (… ) La vida en las ciudades cada día se va a hacer más insoportable, más incompatible con la humanidad.”


Siete años después, el evento del 2020 estandarizó las grandes ciudades del mundo en una misma tiranía bajo pretexto higiénico-sanitario. Ahora es definitivo: cuanto mayores son las ciudades, más se parecen entre ellas en lo que a indignidad y falta de libertad de refiere. Ahora es definitivo: las metrópolis ya son espacios inhabitables para lo humano. Y eso es lo que muchos españoles no acaban de entender: no sólo lo último, sino su carácter definitivo. No se volverá atrás. Ya han convertido las ciudades en los campos de concentración del Nuevo Orden Mundial, y tras el estadio inicial de confinamiento, se continuará con el proceso de esclavización absoluta de las poblaciones urbanas a través de la monitorización GPS, biometría, reconocimiento facial, pasaporte sanitario, chipeado biotecnológico, manipulación transgénica…


Confinamiento es un término del Derecho y del ámbito militar; no del médico o sanitario. En su primera acepción es una pena por la que se obliga a un condenado a vivir prisionero en una región delimitada en la que puede moverse con cierta libertad. En su acepción militar, el confinamiento es lo que se le impone a los prisioneros díscolos como correctivo. En otras palabras más crudas, es la técnica de tortura popularmente llamada “la solitaria”, que aún hoy se usa en algunas cárceles para someter la rebeldía del encarcelado y controlar su comportamiento tras el final del castigo. ¿Alguien recuerda a Sylvester Stallone en Encerrado (Lock-Up)? Pues Leone 5,10.


Eso es exactamente lo que están haciendo con nosotros a través de los “confinamientos”, en su doble sentido, penal y militar. Las mismas técnicas de tortura y psicología behaviorista aplicada, que se han desarrollado en las prisiones de guerra y campos de concentración durante todo el S.XX, sólo que ahora extendidas a inmensas masas de población minuciosamente controladas por las agencias eugenésicas y darwinistas sociales de la ONU/OMS. Cierto que ahora en el gulag se tiene Wifi y Netflix; cierto que en nuestros economatos hay disponibles varias marcas de galletas; cierto que en este campo de trabajo muchos de los prisioneros ni trabajo tienen… pero, en esencia, a un nivel técnico y metodológico, lo que está ocurriendo ahora en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, es lo mismo que ocurría en los guetos polacos a principio de los años 40, en la Haifa palestina de los años 50 o en los gulag soviéticos durante todo ese tiempo hasta los años 60. En ese sentido, Adolf Hitler, David Ben Gurion o Josef Stalin, tienen en común con Pedro Sánchez, Emmanuel Macron o Alberto Fernández, estos tres puntos inapelables:


1) Los seis limitan la libertad de parte de la población a través de decretos de legalidad dudosa bajo pretexto de higiene (bien racial, bien sanitaria, bien política, pero siempre por higiene).


2) Los seis someten la voluntad de una parte de los habitantes (en no pocos casos llevándoles hasta la muerte) con el argumento falaz de que se debe al bien común de la población, cuando en verdad sólo responde a su plan de perpetuación política y eliminación de la disidencia.


3) Los seis se sirven de un grueso cuerpo burocrático de funcionarios que, con un cinismo que roza lo psicopatológico, perpetran crímenes de lesa humanidad impunemente sin que nadie se atreva a decir nada.


Y con este último punto invito a una reflexión para terminar este escrito. No era Adolf Hitler quien gestionaba el gueto de Varsovia sino el Judenrat y su policía judía. De la misma forma, hoy en día, quiero lanzar una pregunta a balconazis, a denunciadores de Facebook y Youtube, a Teóricos de la Casualidad, a chivatos con bozal, a médicos que escribís artículos sobre la necesaria obligatoriedad de la vacuna, a tertulianas de programas de televisión que sólo ven personas mayores de bajo nivel cultural, a funcionarios del Ministerio de Sanidad, a policías obedientes a Grande-Marlaska, a vendedores de mascarillas, a inspectores de la Agencia Tributaria, a bailarinas interraciales de la Cruz Roja, a directivos farmacéuticos, y a intelectuales, escritores y periodistas que calláis como ramonetas ante lo que se está haciendo: ¿Cómo conseguís dormir por las noches? De veras, me gustaría saberlo. Todo esto que está ocurriendo, ¿no os avergüenza un poco y os hace daño? A mí, sí.


 

Sin Ironía: Feliz Navidad

Posted on December 4, 2020 at 4:30 PM

Quiero desear unas felices fiestas a todos los hispanos que me leen o me han leído o, vete tú a saber, igual me están leyendo. Sin ironías, como digo en el título, de corazón. Si alguna vez hablé mal de la Navidad, fue un error de juventud. Negar y renegar del propio país, la fe o los abuelos, es un lujo del niñato que cree que jamás los va a perder. Yo ya perdí los tres: mis abuelos ya tomaron el pitryana; la fe que movía montañas la perdí a cambio de un grano de gnosis; y de mi país sólo resta el chasis y tampoco el propio, sino el alquilado por el Banco Central Europeo. Nunca me consideré conservador porque soy consciente de que nada de este mundo vamos a conservar a fin de cuentas. Pero mientras se acaban de hacer esas cuentas, pues Feliz Navidad.


“Es que la Navidad es un invento de los centros comerciales, el consumismo, Papá Noel, la Coca-Cola…” ¡Jo, qué pesao eres, Ibn Asad, siempre con la pincha! ¡Qué cansino! La Navidad no es otra cosa que un recuerdo común de nuestra esfera espiritual y cultural, que permite acceder a un tiempo pasado que, a nuestro parecer, siempre fue mejor.


Pues si vemos lo presente, no como un punto que se ha ido y acabado, sino como el juicio sabio de lo que jamás fue, no se engañará nadie: hubo una Navidad en la que fuimos felices. Fantasía o realidad (¿acaso importa?), no es necesario irse a la saturnalia romana o al cristianismo medieval para acceder a unas verdaderas fiestas navideñas. Basta con remontarse veinte o treinta años, y recordar que no resultaba tan difícil aquello de la Feliz Navidad. Simplemente las familias se reunían sin decreto de limitación de aforo del Gran Hermano Sánchez, sin la culpa imperdonable de poner en riesgo de muerte a toda la casa. Comían mazapán de Alicante sin la jodienda del Ministerio de Consumo de que el azúcar es malísimo y sin pagar impuesto ecológico por el plastiquito unitario que lo conservaba. No había tabarra vegana. No había cochinillo transgénico. No había que justificar las emisiones de carbono del cardo. Antes de la cena, salía un tipo algo pánfilo en la tele que decía llenarse de orgullo y satisfacción, y no había que sacarle más punta al mensaje. Después los humoristas Martes y Trece hacían divertidos sketches sobre el Maricón de España o una mujer a la que su marido le pegaba , y tampoco había que rasgarse las vestiduras. Hasta el sentido del humor era sencillo. El mayor escándalo no pasaba de alguna que otra tetilla suelta de Sabrina Salerno, aunque yo era demasiado boy, boy, boy, para interesarme por la italiana. Para mí, niño de ocho años, el good time que buscaba era el seis de Enero, noche central del misterio de las Fiestas, y que me perdone el Niño Jesús. Los Reyes Magos de Oriente eran eso mismo: misteriosos taumaturgos alquimistas de autoridad sapiencial verídica que viajaban eternamente hacia el Oeste. Ahora que leo esta definición, observo que quizás yo me esté convirtiendo en uno de ellos. Tiene sentido, pues como dice Krsna a Arjuna en la Bhagavad Gita, “Así sea la forma de tu devoción, así te transformarás en ella”; y yo siempre fui su devoto; no de Krsna, sino de Melchor.


Por eso les felicito con veintiún días de antelación. Porque sé diferenciar la estrella de Belén del meteorito del Armagedón. Porque algo de mago tengo, un poco de adivino también, y aquí nos conocemos todos: quiero anticiparme a las reinas magas de Compromis, a las drag-queens de Chueca y a los republicanos come-niños del palacio de Herodes. Antes de que cualquier alcaldesa defeque cuan caganer en la bellísima tradición belenista con algún bodrio de cajas de basura pagado con dinero del contribuyente, quería felicitarles. Me anticipo a los decretos extraordinarios del Anticristo, a la misa del gallo masónico, a la Augmented Reality de la Puerta del Sol, al Urbe et Orbi a la nada y a nadie. Les felicito con discreción antes del ruido de los petardos, antes del Gordo que a saber dónde cae este año, antes de los santos inocentes persas, antes de la pedrea del Allah AkbarPrefiero felicitarles la verdadera Navidad antes de que comience su parodia satánica. Así me aseguro de que sea la primera felicitación y quizás la más sincera.


Nuestro Salvador va a nacer… y vaya si se lo hemos puesto difícil. Por eso, para todos los españoles, incluidos los que no quieren serlo, para todos los hispanos que leen estas palabras, para todos los estudiantes y alumnos de español como lengua extranjera: Feliz Navidad. Les iba a desear también un Próspero Año Nuevo 2021 pero eso ya sería pasarse tres pueblos con el pensamiento mágico.

 

Apocalipsis Estético y Fin de la Erótica

Posted on November 24, 2020 at 5:55 AM

De los muchos Signos de los Tiempos que las diferentes tradiciones recogen como indicadores del fin de este ciclo de vida (léase la autobiografía, El Hijo del León), ninguno de ellos es que las chicas guapas de una ciudad se vistan de anestesistas. Jinetes, trompetas, humo, amaneceres desde el Oeste… pero ningún texto escatológico dijo nada del ambiente de sala de recogida de análisis de orina que iba a haber cuando llegase la Hora.


Incluso en un país como Brasil, sensual, erótico, meca de la belleza femenina, universidad de artes hieródulas, templo internacional de Afrodita, incluso aquí el panorama actual resulta tétrico. Se empieza por taparse la boca, y se sigue por dejar de sonreír. Y si una mujer no puede mostrar la belleza de su rostro, ¿por qué mostraría la de su escote, curvas, bunda? Se acaba por ponerse ropa a juego con EPI´s sanitarios. La Garota de Ipanema lo tiene chungo para darse un paseo y llenar el mundo entero de gracia. Es que vaya cromo…


Si esto ocurre en Brasil, ni me puedo imaginar lo que está ocurriendo en su antípoda sexual con mis queridos compatriotas. En los últimos veinte años, España se ha convertido en uno de los peores países para tener relaciones sexuales. Ya antes del covid-19, España estaba al mismo nivel very hard para ligar que en Arabia Saudí o Irán. La pinza realizada por la Conferencia Episcopal y el Feminismo durante décadas contra cualquier expresión sana de la sexualidad, culminó finalmente con la llegada al poder de la Sección Femenina de Podemos y su sharia antierótica. Y cuando se reprime Eros, explota Thánatos: justo después del anuncio de ley de la talibana Irene Montero en Marzo, llegó la orgía necrófila del coronavirus. Primero se criminaliza el deseo sexual (Ley de Libertad Sexual), después se legaliza la muerte (Eutanasia). Primero se prohíbe decir un piropo, después se aseguran de ello con un bozal. Primero vino el “Sólo Sí es Sí” y después se pasa con el confinamiento al “No, que no, que te he dicho que no, que no salgas de casa, que no vas a follar en tu vida”.


Resultado: los niveles generales de libido en caída libre, inversamente proporcionales a los gráficos de paro, pobreza, depresión y suicidio. Tengo amigos españoles con menos de cuarenta años que definitivamente han arrojado la toalla en lo que a vida sexual se refiere. Nadie habla de esto: son centenas de miles, es un ejército de incels y neomonjas, una famélica legión sexual. Ellos suelen centrarse en el empleo (si lo tuvieran), en los videojuegos, en las redes sociales, para definirse como MGTOW y vivir a su bola, mientras ellas se hacen de un satisfyer y un perro (como sustitutos menos problemáticos que un varón tóxico y un hijo celiaco). Resulta desolador... pero así es. Nadie lo dice pero alguien tiene que hacerlo y voy a ser yo: somos víctimas de una Guerra Mundial de Sexos que se ha llevado a cabo en los últimos años a través de una devastadora ingeniería social muy bien planificada. La bomba atómica de esta guerra mundial fue el covid-19; y el establishment sanitario, su Enola Gay. En Hiroshima, sólo con traje anti-radiación estará permitido hacer el amor.


Nunca me gustó el fetiche de la enfermera. A diferencia de mi maestro Fernando Sánchez Dragó, que ve angelicales seres de luz en ellas, yo veo orcos del averno. No sé cómo serán las enfermeras de la Clínica Ruber, pero sí sé cómo son las del ambulatorio habitual español: con mechas y aliento a cigarro rubio americano, voz resquebrajada, adictas al café y el escaqueo, maleducadas, vulgares, léxico de quien ve televisión por un tubo, tutean a los ancianos y les tratan como si fueran subnormales, uniformadas con ropa y calzado del Decathlon, con apodos como Charo, Merche, Cuqui, rencorosas, arrogantes, vengativas… ¿Crees que estoy generalizando a partir de alguna experiencia personal aislada? Pues es posible porque evito esa chusma hasta el punto de haber pasado el dengue a cara perro sin pisar un centro de salud.


Lo confieso: comencé a preocuparme seriamente por nuestra supervivencia como seres humanos, cuando vi a millones de ellos aplaudiendo al personal sanitario en los balcones. Ahí vi las orejitas al lobo. Ahí dije: “Agárrate, que vienen curvas”. Cuando después vi a las enfermeras bailando la Macarena y Beyoncé en videos de TikTok, me dije: “Chaval, apriétate los machos si es que aún tienes algo que apretarte” y empecé a construirme un búnker para mi modesto harén. Todo indica que esta vez no se trata de una falsa alarma: El Fin está cerca, Winter is coming, el milenarismo va a llegarrrrrrrrrrr. El Soldado Desconocido de esta Guerra Mundial, el bombero jubilado de nuestro 11-S, el mártir chantajista de este circo sin leones, el símbolo de manipulación de masas de este evento resulta ser la enfermera. Encarna como nadie el colaboracionismo más cínico con esta tiranía sanitaria de trasfondo eugenésico, la superioridad moral de la mujer trabajadora moderna, y la devastación de la belleza necesaria para implementar la Nueva Normalidad. ¿En qué consiste esa Nueva Normalidad? Nadie lo ha dicho con tal crudeza como lo voy a decir ahora: la Nueva Normalidad significa que se terminó definitivamente el sexo. Para siempre. A partir de ahora, sólo cibernético, con aparatos, robots, pantallas, VR, lives, Tinder, sugar daddies, virtual crush, selfies, QrCode, Instagram, likes, cosas raras… pero el sexo que conociste, el de toda la vida, se acabó. Afrodita, celadora subcontratada. Vacunaron a Cupido. Venus con Burka FFP1. Mataron a Eros. Se acabó.



Praxis de los Teóricos de la Casualidad

Posted on November 19, 2020 at 10:15 AM

Seamos francos: los teóricos de la conspiración nunca significaron algo relevante. Nunca supusimos una amenaza: cuatro gatos que ni se ponen de acuerdo en si la Tierra es plana, hueca, cóncava o convexa. Demasiado Internet, muchos Doritos, poco músculo, casi sin testosterona, y nada reseñable de valor en esta Nueva Normalidad de 2020.


Algo bien distinto suponen ser los Teóricos de la Casualidad, un verdadero ejército de guerreros anónimos, que han ido creciendo a lo largo del siglo, y que ya hoy pueden proclamarse vencedores, al modo Joe Biden. El éxito incontestable de los Teóricos de la Casualidad reside en pasar a la práctica inconscientemente: en un mundo en el que todo lo que ocurre carece de causas, resulta absurdo teorizar nada; la práctica sale sola, haz lo que hagan los otros. When in Rome, do as the Romans do. Todo en la vida, en la sociedad, en política, se hace a voleo. No es que Dios juegue a los dados con nosotros, es que juega a los bolos y tú eres un bolo. Nunca ha existido un velo entre la verdad y lo aparente. Lo que vemos es lo único que existe y esa manía de algunos en buscar tres pies al gato, tiene que ser erradicada como eso mismo, como manía, como enfermedad del alma, como locura. No importa si al gato le amputaron una pata tras ser atropellado. Déjate de rollos; no me líes, que te conozco.


Y aunque los Teóricos de la Casualidad no necesitan (necesitamos, pues me he cambiado de chaqueta) ningún manual práctico para algo que nos sale solo, aquí comparto el Pentálogo de Praxis de la Logia de los Teóricos de la Casualidad:



1. Nada de lo que ocurre en este mundo puede huir de una explicación simple perfectamente satisfactoria. Por lo tanto, el primer análisis y el más sencillo es el válido. El único válido, el primero, el que reduce cualquier hipótesis a polvo. Defiende esa explicación con uñas y dientes. Por otro lado, no resulta conveniente que esa explicación sea tuya. De hecho, a ser posible, mejor repite las explicaciones de otros Teóricos de la Casualidad, antes de dar tu propia explicación de un hecho. El pensamiento genuino resulta de muy mal gusto, y sólo sirve para demostrar tu ignorancia. La verdad se define a través de su repetición: cuantos más Teóricos de la Casualidad participen, más certeza redundante tendremos de lo cierto.


2. Apóyate en autoridades de postín seguidas por cualquier palabreja que huela a científico. Se valorarán los epítetos con sufijo -logo, -loga, –logía. Por ejemplo, "Biólogo", hoy en día, gusta bastante. Eso sí: evita abrir tú mismo un libro de Biología en tu vida, no lo hagas jamás, no es necesario leer… pero no olvides repetir lo que dijo el biólogo de aquel video de Youtube, o lo que dice tu amiga Charo, que además de trabajar en el Hospital sabe muchísimo. Entonces, si alguien te cuestiona, le dices: “Lo dijo un cualquiercosálogo, y punto.”

 

3. Recuerda que las fake news son las mentiras que explayan los enemigos Teóricos de la Conspiración, hatajo de imbéciles que creen que el hombre jamás llegó a la Luna o que Jesús se aparece en una mancha de humedad en el techo. Los massmedia, por su profesionalidad periodística intachable, nunca van a caer en las fake news. Ellos se dedican solo a las news, las noticias a palo seco. Y todo lo que no muestran como new, pues no es noticia y no existe. Las colas del hambre en España, no existen. Millones de personas navegando en la pobreza hacia la miseria, no existen. Los masivos movimientos migratorios que están modificando radicalmente nuestra sociedad, no existen. El aumento de la delincuencia, no existe. La corrupción, los crímenes de estado, las operaciones de Inteligencia, no existen. El colapso del sistema financiero, de la seguridad social, de nuestra civilización, no existen. Todo eso, no es que no sean fake news, es que ni si quiera llegan a la categoría de new. No existe.

 

4. Para aquellos que hablan de esos elefantes blancos, unicornios, quimeras, bichos de siete cabezas… tenemos que dedicar una estrategia beligerante de neutralización. La primera es ignorarles: basta con dejar que el Teórico de la Conspiración vuelque su odio en los otros tres gatos que lo escuchan. Por ejemplo, si lo que dice sólo aparece en una web sin visitas como esta, no hay problema. Pero si con ignorarle no basta, la estrategia a seguir será la ridiculización. El propio léxico e imaginario de los Teóricos de la Conspiración te van a ayudar a ello: extraterrestres, la Tierra Plana, los Illuminati, platillos volantes… todo eso te va a permitir desprestigiar al Teórico de la Conspiración con el mínimo esfuerzo. Pero si, ni con esas consigues silenciarle, y el muy pesado insiste, erre que erre, con argumentos, documentación, libros publicados… entonces corta por lo sano y acúsale de cualquiera de estas cosas, que no falla: extremaderecha, negacionista, fascista, machista, antisemita, conspiranoico, terrorista, radicalizado, discurso de odio, violento, antivacunas… llámale lo que más rabia te dé.


5. Finalmente entiende de una vez por todas que, al no haber causa en nada de lo que sucede, tú no tienes ninguna responsabilidad en ello. Llevar a la práctica la Teoría de la Casualidad, es liberarse de cualquier conciencia o responsabilidad individual. Puedes votar a quien quieras, las veces que quieras, a sabiendas de las mentiras y crímenes que tus políticos hayan cometido. Apóyales sin responsabilidad, sin condiciones. Defiéndeles en las redes sociales y en las tertulias como si fueras su doberman. Puedes trabajar en la empresa que quiera que te pague. Puedes ver la televisión que quieras que te mienta. Puedes colaborar en cualquier causa a la que te lleve la corriente, el feminismo, el independentismo, el antifascismo, el lgbtismo, el antirracismo, el ecologismo, el veganismo… lo que sea más cool en el momento. Al carecer de causa cualquier acto, recuerda que desaparece la responsabilidad en los tuyos. Es decir, puedes seguir con tus contradicciones: quemando comercios de negros en nombre de BlackLivesMatters, llevando a hombres inocentes a la cárcel en nombre del Ministerio de Igualdad, hundiendo pequeñas empresas locales en nombre del Calentamiento Global, destruyendo a personas, apedreándolas, en nombre del Antifascismo y la Paz, robando los ahorros de los trabajadores en nombre de la Izquierda y la Justicia Social, organizando pucherazos y fraudes electorales en nombre de la Democracia… La Praxis de la Teoría de la Casualidad concede poder ilimitado.


Recuerda siempre que a nosotros, los Teóricos de la Casualidad, todo nos está permitido. Porque todo lo que sucede es por acaso, y el acaso está de nuestra parte. Por eso, nuevamente, hemos vencido. Y por eso, venceremos siempre.

 

¡Qué Escándalo! ¡Aquí Se Censura!

Posted on November 9, 2020 at 6:10 PM

Ante la última vuelta de tuerca represora del Protectorado Globalista Español (antes llamado simplemente España), los periodistas, los intelectuales y la sociedad que se cree crítica en su conjunto, reaccionan como el Capitán Renault en la película Casablanca: “¡Qué escándalo! ¡En este país se censura, se reprime y se silencia a los disidentes!”.


Quizás la diferencia es que en 2020 el crupier ya no va a soltar las ganancias a la fauna mediática carroñera que lleva más de diez años dejándose querer. No se trata de que el mal de muchos sea el consuelo de los tontos, porque tonto no soy. Pero ocurre que algo malvado sí que me he vuelto, y que sí que encuentro cierto placer sádico en ver a una clase mediática e intelectual (intelectual, por decir algo, un insulto más ligero que el merecido) dar ahora pataletas a favor de la Libertad de Expresión. “En España se censura”, dicen, por ejemplo, los grupuchos mediáticos que llevan la última década viviendo de la publicidad institucional de los gobiernos del PP o del Grupo Santander. “En España se reprime”, dicen, por ejemplo, los paniaguados voceros de los que han hecho de la Justicia y de la Policía, su cortijo y sus perros de caza. “En España se silencia”. ¿Ah, sí? ¿En España se censura, se reprime, se silencia? ¿Me lo dices o me lo cuentas?


Pues yo lo voy a contar… Fíjate lo que son las cosas… voy a contarlo:


A mediados de 2009 publiqué, en una segunda edición de más alcance, LA DANZA FINAL DE KALI. La publiqué con seudónimo a sabiendas del revuelo que produjo su primera edición en ciertos entornos políticos y masónicos. Además adopté otras medidas de seguridad. Por ejemplo, la publiqué sin mi empadronamiento actualizado (aún estaba empadronado en casa de mis padres a pesar de que no vivía en esa ciudad, ni si quiera en España). También tomé ciertas medidas para despistar mi ubicación y ser como un fantasma para el sistema (sin altas en embajadas ni consulados, sin cuentas bancarias, sin propiedades ni contratos a mi nombre).


Aún así y a sabiendas por medio de amenazas previas de que tenía enemigos poderosos, dos meses después de su publicación, la Policía Nacional entra en la casa de mis padres con una orden de registro en una investigación por tráfico de pornografía infantil desde ese domicilio. Pinchan en hueso porque se encuentran un domicilio en el que no vive ese tipo hace años, y en el que hay un único ordenador (el de mis padres) que ni si quiera tenía conexión a internet en aquel momento. No obstante, cumplen su objetivo de amedrentarme y de avergonzarme profundamente. La trampa les sale mal, pues jamás pudieron avanzar en esa investigación incriminatoria; pero con ella obtienen mi paradero y yo me planteo seriamente cambiar la temática de otros dos libros, LA RUEDA DE LOS CUATRO BRAZOS y EL HIJO DEL LEÓN, que años después se publican sin prácticamente nombres propios y con foco en aspectos teóricos y simbólicos de tradiciones orientales, evitando ciertas referencias e implicaciones políticas.


Simultáneamente echan abajo mi página web y bloquean mi cuenta de Paypal (única forma de obtener royalties por el libro, que se vendía muy bien). En 2011, con apenas unos cientos de suscriptores, Youtube cierra mi cuenta. También en 2011, intento viajar a España y a la vuelta, me tengo que quedar tres días durmiendo en la Terminal del Aeropuerto por una extraña e inexplicada irregularidad de mi pasaporte. Sólo a través del pago del servicio de caros abogados que consiguen aclarar la situación, puedo salir de la terminal y volver a mi domicilio. Con mi amedrentamiento, la cuenta de los royalties bloqueada, la web destruida, el youtube desactivado y mi libre circulación cuestionada por un pasaporte marcado… uno reconoce que piensa en arrojar la toalla, concentrarse en lo verdaderamente importante y lo único que me interesa: El Conocimiento, y el desarrollo espiritual y artístico. Así hice, me acomodé en un perfil bajo que me permitía disfrutar de mi vida, de mi familia, de mis estudios. Y de esa forma, años después, la década concluyó con el circo del Covid-19 y con la censura definitiva de todas mis obras escritas, todos mis libros, todos mis trabajos, a través de la aplicación de las políticas contra el discurso de odio de Lulu.com y Amazon,que aún distribuían mis libros. Y ese es el resumen de lo que tengo que contar.


¿Entonces en 2020 algunos han descubierto que aquí se censura? ¿Ah, sí? ¿Ahora? ¡No me digas! Precisamente lo dicen aquellos para los que todo esto no pasaba de Teorías de Conspiración en 2010. Los que hace diez años decían que George Soros o el Foro de Davos no existían, hoy se escandalizan ante el Gobierno títere de Pedro Sánchez con el pin de la Agenda 2030 en la solapa. Los que hacían oídos sordos ante el sufrimiento de muchos de nosotros (yo ni soy el único, ni el peor de los casos) que tuvieron que exiliarse a lo largo de toda esta década, perseguidos, censurados, algunos en el ostracismo, hoy son los que citan mal a Martin Niemöller en labios de Bertolt Bretch (Luego vinieron por mí… y no quedó nadie para hablar por mí ) . Los que se reían de lo que escribimos sobre la Organización Mundial de la Salud y las campañas de vacunación masiva hace diez años, hoy son los que me envían videos de Íker Jiménez sobre el coronavirus o invitaciones de telegram para concentrase contra la "Plandemia". ¿Sabéis qué? Pues mira, que os den por donde gotean los botijos, hipócritas.


Podría fingir aquí lo que no soy y hacer un llamamiento a la unión contra el enemigo común, la tiranía, el globalismo… No me sale. No quiero. Ya no soy ese tonto útil. Periodistas, investigadores, intelectuales españoles varios… que os zurzan, por hipócritas, por cobardes, por ratas que ni si quiera ya saben cuándo se hunde el barco. Este tiempo ha servido para aprender, para evaluar la catadura de unos y otros, para comprobar de qué lado cojeamos todos. Anda y que os den.


Sería injusto meter en ese mismo saco a personas excepcionales que solo (me) han demostrado lo contrario que esta mayoría a la que me refiero. Gente tan dispar y tan antagónica incluso entre ellos, que choca enunciarlos de seguido sin sacar su denominador común de entereza, decencia y autenticidad: Daniel Estulin, Víctor Díez, Pedro Varela, Lobo Estepario, César Vidal, Técnico Preocupado, Josele Sánchez, Subversivo, Andrés Calamaro, Pantocrator, Fernando Sánchez Dragó, Enrique Bunbury, Jely, Alberto Bárcena, Jordi Mollà, Roberto Centeno, Este-Ve, Ramiro Calle, el recientemente fallecido Antonio García-Trevijano, y algunos otros seres humanos que aquí no cito, no porque no les recuerde, sino porque tampoco es plan de hacer una lista detallada de los salvables en un arca que nadie ha construido, para un diluvio que ya arrecia.


El resto, como digo, que se ahoguen en la marea, o que ardan en este infierno, o que se la machaquen con dos piedras. Me trae sin cuidado. Os lo tenéis más que merecido, país de garrapatas.



El Pecado Nada Original del Covid-19

Posted on November 3, 2020 at 8:35 AM

Insistimos en que nada nuevo significativo hay en este Nuevo Orden Mundial. Nihil Novum sub Sole. La culpa siempre fue la herramienta más poderosa para el control de la población. Los pioneros maestros de la ingeniería social usaron el sentimiento de culpa para el sometimiento humano desde el principio, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, siempre el Poder usando esa magnífica arma de dominio. Toda la doctrina judeocristiana muestra esa evidente obsesión por culpabilizar al hombre (y a la mujer, en especial a la mujer). Son palabras mayores; el Dios Yahvé no se corta un pelo: “Maldita sea la Tierra por tu causa.”, le dice al hombre después de desgraciar a la mujer en el versículo anterior (Génesis 3, 17). Algún inmenso poder hay en la Culpa, que todos la quieren controlar, es un látigo de proporciones bíblicas.


En los tiempos modernos, sustituyendo Teología por Psicología, los mismos poderosos le han dedicado a la Culpa la misma atención. La diferencia es que, si bien antes sólo disponían de un texto de alcance limitado y un púlpito, ahora manejan conglomerados de massmedia, computadores cuánticos y todo un entramado académico científico a su servicio. Desde programas de control mental individual basados en tortura y estrés postraumático, hasta behaviorismo metodológico aplicado a las masas con apoyo de Big Data y de análisis de datos de redes sociales, el núcleo del control social sigue siendo el mismo que en tiempos veterotestamentarios: la Culpa.


Ocurre que fue necesaria una pequeña adaptación. Quizás aquí la única novedad de este New World Order: la doctrina religiosa dejó de ser útil a la tiranía, y fue sustituida por la ciencia. Los obispos, rabinos e imanes, fueron sustituidos por doctores académicos. Antes teníamos a Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, ahora tenemos a Sigmund Freud y Gustave Le Bon. Antes teníamos a la Santa Inquisición, ahora tenemos a la ONU/OMS. Y esto nos lleva al momento presente, la pandemia de los cojones.


La dictadura actual ya no puede apoyarse en una doctrina religiosa, se tiene que apoyar en una doctrina cientificista. Cientificista, digo bien, porque no es científica. Y doctrina, digo bien, porque en última instancia quien sufre la dictadura solo puede relacionarse con ella desde la fe (o mejor dicho, desde la confianza en que la teoría “científica” sea cierta y no un camelo). Un ciudadano no sabe ni puede saber si quedarse en casa es bueno y necesario para él, o no. Tampoco si las mascarillas que está obligado a usar le protegen, o no. Tampoco puede saber a ciencia cierta si sacrificar su trabajo, su economía y su dignidad resulta conveniente para sí mismo. Como en la antigüedad, el Poder contempla dos opciones: a) o el ciudadano es un obediente cordero del rebaño de Dios por temor al fuego eterno del Infierno (ejem, ejem… quiero decir, al virus). b) o el ciudadano puede empezar a pensar por sí mismo y eso no mola. En este último caso hay que utilizar artillería pesada: La Culpa.


La Premisa de control de masas es clara y se puede expresar en una única frase lapidaria: “ESTÁS ENFERMO Y ERES EL CULPABLE DE TU ENFERMEDAD”. El efecto es doble: no sólo se aseguran nuestra obediencia, sino que garantizan la imposibilidad de nuestra cura. No es posible curarse si hay sentimiento de culpa. Lo saben: fisiológicamente es imposible mejorar cuando tu enfermedad es una culpa que sólo se expía con la muerte. La culpa tiene esa doble y potente función en esta dictadura que vivimos bajo pretexto sanitario. Saben que no van a poder detener a un padre de familia responsable con el miedo a la muerte por este o cualquier virus: el hombre va a seguir trabajando y cuidando de sus hijos. Pero también saben que para ese hombre, mucho peor que su propia muerte, es la culpa de la muerte de uno de sus hijos. Saben que una madre cariñosa y normal no va a consentir que le pongan una mascarilla a su niño durante horas, a no ser que le carguen con la culpa del contagio y la muerte de sus abuelos. Por eso, tras la fase previa del Miedo, ahora se está desarrollando la campaña de la Culpa. Lo verán y escucharán en todos los medios: culpabilizar a adolescentes por divertirse, a viajeros por viajar, a fumadores por fumar, a amantes por amar, a niños por jugar, a vecinos por subir en el ascensor, a las abuelas por besar, a los alérgicos por toser… todo ser humano es culpable por vivir. Se trata de una adaptación cientificista de la doctrina teológica del Pecado Original: el Árbol de la Ciencia dejó de ser árbol aunque la serpiente por ahí ande, organizando la ciencia con bata blanca.


Y es que está todo inventado, insisto. En el pasado, las epidemias eran castigos divinos por nuestras faltas pecaminosas; ahora las epidemias son castigos sanitarios por nuestras faltas de disciplina social. En la Edad Media, la peste milenarista nos amenazaba, “¡Arrepentíos! Obedeced a Dios”; en este bi-milenarismo tardío usan el “Quédate en Casa. Obedece a la OMS”. Antes decían que los sodomitas traían la enfermedad, la sífilis y el SIDA a la ciudad; ahora los sodomitas gobiernan y nos obligan a quedarnos quietos como estatuas de sal. Antes, la enfermedad mortal estaba más que merecida para los pecadores que no seguían los preceptos; ahora la enfermedad mortal está aún más merecida entre los que comparten un plato de aceitunas u osan besar a su novia en público. Antaño, los que buscaban cura en las plantas y remedios naturales eran perseguidos como “herejes”; Ahora los que buscamos cura en las plantas y remedios naturales somos perseguidos como negacionistas, terroristas, irresponsables, asesinos… ¿qué no se nos habrá llamado?


Antes, el Poder usaba la Culpa para controlar las masas y dirigirlas; ahora también. Antes, los hombres libres no nos dejamos; y ahora tampoco.




Fuentes:

La Psychologie des foules, Gustave Le Bon

Psicologia de las masas y análisis del yo, Sigmund Freud



 

 

El Dataísmo y Mi Ornitorrinco

Posted on October 30, 2020 at 4:15 PM

Desde la arrogancia temeraria de mi juventud, allá por 2009, dejé por escrito en La Danza Final de Kali, lo siguiente, en el Capítulo XIV, en el apartado El dato como unidad cuantitativa de información:


Pongamos un ejemplo para hacer entender la maquinaria informativa global. A un europeo que nunca ha salido del interior de Europa, le enseñamos la foto de un ornitorrinco. Tras el dato visual, le damos tres datos: a este bicho le gusta vivir en agua dulce, pone huevos, y tiene pico de pato. El europeo procesa la información y dice: “Le gusta el agua, pone huevos… si tiene pico de pato es un pato, ¡Es un pato!”. Así, una completa falsedad se ha convertido en verdad informativa, sólo con una secuencia de datos ciertos. Mientras nos interese –como informadores- mantener en pie esa verdad, nosotros podemos reforzarla a través de más datos: este bicho nada muy bien, construye nidos, mide 40 centímetros… Sin embargo, el poder destructivo de la información no sólo permite mantener una falsedad como verdad a través de datos ciertos, sino que –en última instancia- permite destruir los principios cognitivos de verdadero y falso a través de una secuencia indefinida de datos.


Ejemplo: tras ofrecer más datos sobre el ornitorrinco al europeo informado, le damos un dato clave: este animal es un mamífero. Tras escuchar el dato, el europeo se rasca la cabeza, y piensa: “Creo que los patos que conozco no hacen eso”; se vuelve a rascar la cabeza, y dice: “¡Es un pato un poco extraño!”. El europeo continúa escuchando fascinado datos, datos y más datos sobre el ornitorrinco.


Tanto escucha sobre el ornitorrinco que son los propios patos reales los que se han vuelto extraños; el ornitorrinco le es tan familiar que él define su nueva concepción de pato. Tras horas y horas de una continua secuencia de datos, el europeo sabe lo que ese bicho come, cuántas horas duerme, cuánto pesa, cuándo se aparea, cuántas crías tiene, cuántos años vive, cuáles son sus enemigos… y sin embargo, ¡no conoce nada al ornitorrinco! ¡Nada! No sólo eso: no conoce ni su nombre, ni el ser que ese animal es; y además lo confunde con un animal completamente diferente… ¡el pato! Si el informador quiere llegar a la última fase del proceso informativo de control mental, bombardeará la mente del pobre europeo con más y más datos (algunos ciertos, otros no tanto). La capacidad de procesar información encontrará su límite con cierto número de datos, y –entonces- la estructura mental del hombrecito colapsará de tal forma que nunca más podrá saber qué es qué, ni un pato, ni un ornitorrinco, ni otra cosa. Los datos seguirán en su memoria; ellos configurarán inútil información sobre una realidad que desconoce; él dirá “estar informado” con respecto a algún tema… y sin embargo, su capacidad cognitiva habrá estallado en mil pedazos, y el control mental en manos del informador se habrá hecho ilimitado: si el informador da el dato de que ese bicho vuela, el europeo lo creerá; si le da el dato de que ese “pato extraño” es una amenaza para su seguridad, el europeo lo temerá como terrorista; si le da el dato de que ese animal es un “enemigo público”, el europeo declarará la guerra a los ornitorrincos… ¡sin saber lo que son!. Así funciona -grosso modo- el proceso que sufre todo hombre moderno.



Esto es lo que escribí siendo joven, en 2009, en La Danza Final de Kali. Seis años después, otro joven (no tanto como yo pero más o menos de la misma quinta), el israelí Yuval Noah Harari, escribe por primera vez sobre lo que él llama “dataísmo”. ¿Qué es el dataísmo? ¿Un nuevo “ismo”? No sólo. ¿Una filosofía? No exactamente. ¿Una nueva religión? Esa es su aspiración.


Dataísmo es exactamente lo que yo anunciaba con mi ornitorrinco hace más de diez años: una reducción de la experiencia humana (y en última instancia, de la propia humanidad en su conjunto) a mera información. Tras esa reducción, el valor de la vida humana reside en su procesamiento como información. Según el Dataísmo, el sentido de la existencia humana por fin se ha encontrado: decodificar nuestra vida como información (bytes) procesable por algo transcendente al plano individual. Y he ahí la aspiración religiosa del dataísmo: el tradicional Dios intangible, espectral, inútil y muerto desde Nietzsche en los tiempos modernos, deja paso a un dataísta Dios, también intangible, también espectral, pero finalmente vivo y útil para esta nuevo mundo recién estrenado. ¿Qué mundo es ese? Pues este en el que estamos viviendo, si es que a esto se le puede llamar vida.


¿Y qué Dios es ese en definitiva? A ese Dios lo podéis llamar Big Data, Inteligencia Artificial, Internet of Things, como queráis... En verdad no importa cómo lo llaméis porque ese Dios ya está operando aunque no lo nombréis, aunque no sepáis de su existencia, aunque no creáis en él. Quizás sea el primer dios de la humanidad al que no le interesa la fe que inspira en los hombres. Quizás también por eso será nuestro último dios: el Dios de Silicon Valley, de la religión que dio respuesta fácil a los más complicados problemas del alma humana. Ante la mortalidad del hombre, el dataísmo ofrece la indestructibilidad del dato. Ante la libertad y el destino del ser humano, el dataísmo ofrece un Big Data que va a decidir por nosotros. Ante la Providencia o la Inteligencia Divina, el dataísmo ofrece un algoritmo indefinidamente perfeccionado. Ante los dolores de la carne y la fragilidad del cuerpo, el dataísmo ofrece biotecnología y una nueva salud transhumanista. Ante los dolores del alma y la naturaleza humana, el dataísmo ofrece una mezcla de potentes analgésicos y antidepresivos, con un relativismo moral que aniquila toda conciencia. Ante la realidad persistente del mundo, el dataísmo ofrece la Realidad Virtual de un videojuego 3D cada vez más realista. Ante la complejidad de las cosas, el dataísmo ofrece Internet of Things. Ante el misterio del Amor, el dataísmo ofrece cibersexo, robots sexuales y monitoreo bioquímico. Ante el dilema del Poder y el gobierno de los hombres, el dataísmo ofrece una SuperDemocracia gestionada con Inteligencia Artificial. Ante el Logos Divino, el dataísmo ofrece comandos informáticos de unos y ceros. En definitiva, ante el Conocimiento Tradicional, el dataísmo ofrece información. ¿Y qué es la información? Una larga secuencia de datos alrededor de un abismo de profunda ignorancia.


En esa abismal ignorancia habitamos. Novus Ordo Seclorum. New World Order. Nuevo Orden Mundial. Ya no es un libro escrito en mi juventud, sino nuestra incontestable realidad en presente continuo.




Fontes:

Homo Deus: A Brief History of Tomorrow, Yuval Noah Harari

La Danza Final de Kali, Ibn Asad 

The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology, Raymond Kurzweil

 

 


 

La Verdadera Función de las Mascarillas

Posted on October 21, 2020 at 9:45 AM

Si empezamos a comportarnos como adultos y no como niños tontos de baba, reconoceremos que un trapo de algodón en la cara (que es lo que lleva gran parte de la población a modo de mascarilla) no puede evitar el contagio de un virus. Sentido común: ningún virus (ni el más grande) va a quedar atrapado en el filtro de una malla de tejido. ¿Para qué llevamos mascarillas? Buena pregunta. ¿Para protegernos de un virus? No me hagas reír, conspiranoico. ¿Para pagar un buen dinerillo a quienes las fabrican? En parte, pero seamos justos: la mayoría de los barbijos usados son de fabricación casera. ¿Para que el Estado recaude algunas perrillas, en el caso de España un 21%? Tampoco resulta desdeñable, sin duda, pero no es la verdadera función. Entonces, ¿Para qué llevamos mascarillas? Si quieres llegar a la finalidad de algo, primero pregúntate por la causa. ¿Por qué llevamos mascarillas? Esta pregunta tiene fácil respuesta: porque es obligatorio.


Es su obligatoriedad la causa estricta de que llevemos mascarilla. Si te vas a una zona rural sin control del Estado, ni fiscales ni agentes sanitarios… no verás mascarillas. Así de sencillo: llevamos mascarillas porque son obligatorias. Y aunque estos meapilas globalistas se crean muy listillos con su Nuevo Orden Mundial, lo cierto es que No hay nada nuevo bajo el sol, todo ya está inventado, y obligar a tapar la cara no resulta novedoso en absoluto. De hecho, se hizo varias veces en la Historia reciente. Veamos algunos de esos casos.


En la época imperial española y portuguesa, a través del comercio de seres humanos, apareció la figura del esclavo bozal. En el Siglo XVI y XVII este esclavo se diferenciaba del esclavo ladino en que se encontraba completamente desarraigado, desprovisto de cualquier manifestación de su propia cultura, analfabeto, impedido de expresarse. La cualidad humana del esclavo bozal se rebajaba al nivel de las bestias de carga, y era para eso que eran usados en las explotaciones auríferas de las Indias portuguesas. Cuando los negros bozales trabajaban en la mina, eran obligados a usar la Máscara de Flandres, una placa de metal que se ponía en la boca con la finalidad de diferenciar a los esclavos de los libres, delimitar las clases sociales dentro de la mina, y deshumanizar al negro. Esta medida se impuso hasta bien entrado el siglo XIX. De nuevo, la justificación oficial por parte del poder era el bien y la salud del esclavo. El señor esclavista argumentaba que la Máscara de Flandres era obligatoria para evitar que el trabajador comiera tierra que le produjese una infección gástrica. Otros esclavistas declaraban que con la Máscara de Flandres se evitaba que el esclavo bebiese aguardiente y se emborrachara en su jornada de trabajo. Y otros negreros decían que con la Máscara de Frandres evitaban que el esclavo bozal se tragase alguna pepita de oro con la ilusa esperanza de poder cagarla y venderla después. Lo cierto es que no importaban los absurdos pretextos de los negreros judeo-portugueses (los equivalentes en la época a los Ministros de Salud y Trabajo), pues todo el mundo sabía que esa máscara era para diferenciar a los esclavos de los libres, someter la voluntad de los primeros, y deshumanizarlos para poder optimizar su explotación. Si la cara es el espejo del alma, tapar la cara significa, si no desalmar, al menos obligar a mostrarse como desalmado.


Máscara de Flandres, grabado del S.XIX, Rio de Janeiro


La misma técnica se usó aún más recientemente en una reducida parte del mundo islámico: obligar a tapar la cara. Lo cierto es que no hay ningún pasaje del Corán que obligue a ocultar el rostro de las mujeres. Ni como obligación ni como recomendación: ninguna sura habla de ello. Y esto es así porque el origen del burqa en verdad no es islámico sino masónico. El surgimiento del burqa se dio en un periodo del emirato afgano relativamente modernizante, bajo el mandato de Habibullah Khan, un obediente esbirro del Imperio Británico e iniciado en la logia Lodge Concordia, Nro 3102, que fue útilmente asesinado por espías de sus amos al final de la Primera Guerra Mundial. Ese es el contexto del Burqa, el cual, de nuevo, se impone bajo pretexto de la protección, la salud y el bien de quien lo lleva: para protegerse de la arena del desierto, para protegerse del sol, para evitar agresiones de  estupradores… Ninguna de esas funciones era la que los tarados talibanes estaban pensando para decretarlo como obligatorio en Afganistán en 1996. No una recomendación sanitaria, no un consejo médico, sino una obligatoriedad impuesta por el poder político. Exactamente igual que nuestras mascarillas.


De los casos brasileño y afgano, se extrae el denominador común divisor de esta múltiple locura global de las mascarillas de la Covid-19. Tapar el rostro es útil para el poder. Tres funciones comunes en los tres casos:


1) Diferenciar a los esclavos (ciudadanos obligados a llevar mascarilla) de la élite que decreta su obligatoriedad y está exenta de su uso (señores esclavistas en el caso brasileño; políticos, periodistas, funcionarios de la ONU que no llevan mascarilla en el caso actual)


2) Manipular el comportamiento del esclavo a favor de los intereses del poder político. De esta manera, obligar a tapar el rostro resulta una potentísima técnica de ingeniería social. Reduce la conversación y la interacción, impacta en la forma de relacionarse con semejantes, la comunicación, el comportamiento sexual, los protocolos de educación y cortesía… toda la vida social se ve alterada.


3) Deshumanizar al esclavo con el fin de facilitar su sometimiento, que en última instancia será justificado con la protección o la salud del sometido. “Es por tu bien, anda, no te resistas.”


Resulta que esta mamarrachada del New World Order tiene muy poquito de 'new'. Todo esto es más viejo que el tebeo. ¿Para qué llevamos mascarillas? Para no contagiarnos los unos a los otros de coronavirus. Claro que sí, chaval.

 





Fuentes:

Jaime Pinsky, A Escravidão no Brasil, 2009

Willem Vogelsang, The Afghans, 2001

 

Crónica de una Segunda Muerte Anunciada

Posted on October 1, 2020 at 1:10 PM

Continúo con mi labor intrusa como periodista, en esta ocasión, aún más atípico: redactaré una crónica de lo venidero. Como periodista y no como adivino, falsísimo profeta o pitoniso de la conspiranoia, digo, pues los dos únicos fundamentos para argumentar esta crónica, son el mero sentido común y la pura observación. Si algo ocurre una vez, ocurrirá otra en esas mismas circunstancias. Y si eso mismo acontece en varios países, absolutamente nada nos lleva a pensar que Spain is different . No al menos, en este caso, de forma positiva: España es el peor país del mundo para vivir este año 2020 y el próximo 2021.


España sufrirá una segunda edición del genocidio reportado en la crónica pasada. Presumiblemente será antes que aquel Abril fatídico de 2020. Según mis cálculos, los momentos más dramáticos se vivirán en Enero/Febrero de 2021 (luego explicaré por qué ) . Y aunque no tengo ni la más remota idea de cuán grave será esta nueva oleada de genocidio eutanásico, será lo suficiente para poder convencer de la vacunación transgénica obligatoria a más de 46 millones de españoles. O al menos, intentarlo antes de legislar al respecto.


La segunda oleada de muerte ejercerá de pistola en la sien de todo un pueblo ya harto de que se le culpabilice de su desgracia. Sólo así, hastiado y avergonzado, se puede obligar a un pueblo entero a jugar a la ruleta rusa de AstraZeneca, y después exigir que den las gracias por ser esterilizados o muertos, con aplausos o con el voto. La falta de disciplina social, la irresponsabilidad sanitaria, la violación de una cuarentena eterna, las aglomeraciones durante la campaña comercial de Navidad, las reuniones familiares, los cotillones… todo eso, en definitiva, servirá al primer ministro de la tanatocracia española, Pedro Sánchez, para evadir (de nuevo) su culpa en un crimen de lesa humanidad, y al mismo tiempo, someter a la población española bajo su voluntad y la de sus amos. ¿Cuál es esa voluntad? De forma clara y concisa: introducir en el cuerpo de millones de ciudadanos una nueva vacuna de biotecnología inédita con ARN modificado sintéticamente. La vacuna del Covid-19 resulta el fin que justifica este macabro medio.


Después de definir el qué (una segunda oleada de genocidio eutanásico en las residencias de ancianos y hospitales españoles) y el porqué (para poder forzar, tanto social como legalmente, una vacunación masiva obligatoria), expliquemos el cuándo. El proceso de muerte sistematizada en España empieza exactamente hoy 1 de Octubre y llegará a su máxima expresión en los meses de Enero y Febrero. Expliquémoslo con la observación de estos dos factores y la comparación con los casos brasileño y chino respectivamente.



LA CAMPAÑA DE VACUNACIÓN DE LA GRIPE Y EL CASO BRASILEÑO


Existe una relación estadística evidente entre la cobertura de vacunación de la gripe estacional y la mortalidad por Covid-19. En España, el estudio realizado por doctores del Hospital de Barbastro incluso afinó esa relación con una vacuna antigripal en concreto ( Chiromas® ) y su adyuvante Polisorbato 80, suministrada principalmente a los ancianos y personal sanitario.


Esta relación consecuente entre campaña de vacunación antigripal y explosión de mortalidad por Covid-19 se hizo aún más evidente en Sudamérica durante el otoño y el invierno australes. El calendario de vacunación de la gripe coincidió con una cuarentena global forzada cuando aún no había muertos por Covid-19. Tomando como ejemplo el caso brasileño, la campaña de vacunación de la gripe empezó el 21 de Marzo de 2020, justo cuando se exigía el stay at home/fique em casa desde la OMS. Y así de absurdo fue: mientras las autoridades sanitarias recomendaban a los ciudadanos que no salieran de casa para evitar un virus que aún no había matado a nadie, se les instaba a hacer una excepción y romper la cuarentena para ir a vacunarse contra la gripe. En el caso de Sao Paulo, durante la última semana de Marzo se vacunó a mayores de 65 años y personal sanitario, prolongando la campaña hasta el 9 de Mayo con el resto de la población. Mientras la esperada y temida pandemia no acababa de llegar a Brasil durante el otoño austral, la población era vacunada contra la gripe en plena cuarentena. Las consecuentes explosiones de muerte de Covid-19 se dieron 3-4 meses después, durante los meses de Julio-Agosto, de forma inexplicable desde un punto de vista epidemiológico, alcanzando los 100.000 muertos en la primera semana de Agosto tras llegar a su máximo de bajas diarias durante el mes de Julio. Y esta correlación consecutiva de 3-4 meses entre campaña de vacunación y muerte masiva en residencias y hospitales en Brasil y otros países sudamericanos, es lo que me lleva a afirmar que en el invierno boreal español ocurrirá un fenómeno parecido tras la campaña de vacunación de la gripe estacional que empieza en este mes de Octubre.


La campaña de vacunación antigripal española es equivalente a la brasileña en 3 puntos:


1) Se anticipa convenientemente 4-6 semanas antes de lo habitual en otros años.

2) Se inicia en una absurda situación de cuarentena injustificada, con los hospitales vacíos de enfermos de covid-19 y una mortalidad bajísima o nula.

3) Se inicia con la obligatoriedad de hecho para ancianos en residencias y personal sanitario.





El Ministro de Sanidad (y estudiante de Filosofía, sí, como lo oyen… ) Salvador Illa espera vacunar a 5 millones de españoles gastándose más de 3,2 millones de euros durante los próximos 3 meses. Por supuesto, muchas de esas vacunas se las tendrá que comer con patatas, pues la población en general rechaza instintivamente las campañas de vacunación promovidas por fulanos de la ralea de Sánchez o Illa. Sin embargo este comité de zumbaos que es el Ministerio de Sanidad estima dar una cobertura del 75% a mayores de 65 años y del 60% al personal sanitario. No se lo creen ni ellos… pero en el alcance parcial o total de esos objetivos reside la consecuente levedad o gravedad de esta segunda entrega del genocidio eutanásico de nuestros padres y abuelos.

 


LAS ESTACIONES BASE DE COBERTURA 5G Y EL CASO CHINO


El creador de la Medicina Antroposófica, Rudolf Steiner, fue el primero en advertir la relación de los avances tecnológicos que variaban abruptamente el campo electromagnético y la irrupción de diferentes epidemias. El comprobado impacto de la radiación electromagnética en la membrana celular y en el equilibrio general de esta, hizo que Doctores PhD de las más prestigiosas universidades del mundo firmaran en 2017 el 5G Appeal, una petición de moratoria de la implementación de la 5G, tecnología clave en este nuevo paradigma industrial de robótica, Internet of Things, Big Data y, en última instancia, transhumanismo.


En ese contexto, China sacó ventaja en esta nueva revolución industrial durante el año 2019. El gigante asiático fue la primera potencia en establecer una infraestructura 5G completa y disponible en la provincia de Hubei, en el centro del país. A lo largo de 6 meses, China Telecom logró instalar cerca de 5.000 estaciones base desde Junio hasta Diciembre de 2019, siendo Octubre el mes de más importancia en esa implementación. Sólo durante ese mes se activaron 1.580 estaciones de tecnología 5G en su capital, Wuhan. Un trimestre después, la ciudad experimentaría un brote mortal de una nueva y rara enfermedad del que no se dispone de datos fiables de ningún tipo. Se estima que entre 4.600 y 300.000 ciudadanos chinos fallecieron entre Diciembre de 2019 y Febrero de 2020.


En la segunda mitad de 2019 (especialmente en Octubre) se hizo en Hubei (China) lo que en la segunda mitad de 2020 (especialmente ahora) se está haciendo en España: implementar 5G en todo su territorio. En el caso español, la empresa Telefónica enciende su red 5G en fase experimental (5G NSA y DDS) en el mes de Septiembre para desplegar inmediatamente (ahora mismo en Octubre) una cobertura del 75% de la población española y una masiva construcción de estaciones-base en las principales ciudades. Los objetivos de China Telecom en 2019 son exactamente los mismos que los de Telefónica en 2020: dar una cobertura 5G a la mayoría de la población hasta final de año, sin ningún tipo de debate ni cuestionamiento sobre la seguridad de esta tecnología y su impacto en la salud.





A través de estos dos factores (campaña de vacunación de la gripe e implementación de 5G) y sus comparativas con dos casos paradigmáticos (Brasil y China) se infiere que la verdadera “segunda ola” española de Covid-19 no resulta ser esta farsa insostenible de números trampeados por positivos de test PCR y hospitales incluso más vacíos de lo habitual. La segunda entrega de este genocidio anunciado se desarrollará a principios del año 2021, y el gobierno español (que ni es gobierno ni español, sino un politburó globalista) hará coincidir los momentos más dolorosos de la crisis sanitaria, con la llegada mesiánica de la vacuna transgénica de ARN Covid-19, que se suministrará a lo largo de un interminable 2021. Por muy sumisa y aborregada que se encuentre la población española, será necesaria una “segunda ola” pandémica para convencer a casi 47 millones de ciudadanos de introducir en sus cuerpos un absoluto desconocido artefacto biotecnológico que, cuanto menos, causa mielitis transversa en menos de un mes. Solo así, la gente que hoy pasea relajada y tranquila sin máscara y que en Navidad intentará comprar regalos en el Corte Inglés y reunirse con la familia, implorará semanas después por una vacuna universal, avergonzados por la culpa de haber osado querer vivir en una dantesca Nueva Normalidad en la que la propia expresión de la vida es un crimen de salud pública. Y sólo así (y esto es importante), se podrá modificar el marco legal para imponer la vacunación como obligatoria a los díscolos que se resistan.


Como me consta que el que ha llegado hasta aquí en esta crónica de lo venidero, es uno de esos díscolos, dejo un mensaje clarísimo para ese lector: prepárate para una larga carrera de fondo de la que ni tan siquiera se puede decir que haya hecho algo más que empezar. Y por el amor de Dios, protege a tu familia.

 

Llamar a las cosas por su nombre: Genocidio Eutanásico

Posted on August 29, 2020 at 9:00 AM

Voy a renunciar a mi habitual estilo y voy ejercer la profesión más antigua del mundo (es decir, la de periodista), para escribir una crónica escueta, clara y objetiva de lo que ha ocurrido en mi país. Este género periodístico exige también llamar a las cosas por su nombre, por primera vez, es posible, tratándose de este tema: en 2020, en España, se ha llevado a cabo un Genocidio Eutanásico. Definamos lo ocurrido antes de la crónica.


Genocidio es la eliminación sistemática de un génos, un γένος, es decir, de la unidad funcional para la transmisión de caracteres hereditarios. Eso es exactamente lo que se está llevado a cabo en España, y después explicaré por qué. No sólo porque se haya golpeado a una “generación” entera (que también), sino porque el ataque va muchísimo más allá de unos cuantos miles de ancianos asesinados.


La técnica llevada a cabo por este genocidio ha sido la eutanasia. No a machetazos como en Ruanda, sino la técnica eutanásica. La eutanasia es una técnica de la ciencia eugenésica. La eutanasia se refleja, incluso etimológicamente, en la eugenesia. Mientras la eugenesia es el “buen nacer” (eu-genesis), la eutanasia es el “buen morir” (eu-thanatos), ambos términos eufemísticos que esconden el control gubernamental de quién puede nacer y quién debe morir.


Pero vayamos a lo prometido, la crónica objetiva de los hechos. La línea de tiempo va a tener fechas en azul cuando se refiere al ámbito global y fechas en rojo cuando los hechos se circunscriben al genocidio eutanásico español. Ambos colores van a irse trazando para dar al lector una clara perspectiva de síntesis de los acontecimientos.


23 de Septiembre de 2019: La relaciones públicas del globalismo, Greta Thunberg, declara en la ONU New York: “Estamos al inicio de una extinción masiva”. Se empieza a hablar en foros internacionales de una “Emergencia Global” sin saber exactamente qué emergencia es esa. En la cumbre se subraya la importancia de la Agenda 2030.


18 de Octubre de 2019: Se celebra también en New York el Event201, un simulacro de las consecuencias económicas, políticas y sociales de una pandemia, organizado por Bill & Melinda Gates Foundation (el mayor inversor privado de la Organización Mundial de la Salud), la Universidad Johns Hopkins (que se hará muy famosa en 2020), el World Economic Fund (Un siniestro observador privado del ECOSOC en la ONU) y Open Philanthropy (una tapadera filantrópica de Silicon Valley creada por el cofundador de Facebook, Dustin Moskovitz).


17 de Noviembre de 2019: Se reporta el primer cuadro de la enfermedad llamada COVID-19, un síndrome respiratorio agudo grave de causa desconocida.


11 de Diciembre de 2019: Greta Thunberg llega a España en catamarán para participar de COP25, cumbre climática organizada por el mismo entramado burocrático de Event201.


31 de Diciembre de 2019: El gobierno dictatorial del Partido Comunista Chino reporta la aparición de veintisiete casos de la enfermedad Covid-19 de origen desconocido, en Wuhan, la primera ciudad china en disponer de estación base de tecnología 5G (y por ende, del mundo).


7 de Enero: Pedro Sánchez es investido “Presidente del Gobierno” de España que, para que lo entiendan los lectores no españoles, a pesar del nombre, es el cargo de “primer ministro”, pues España no es presidencialista como lo son Francia, Brasil o Estados Unidos. Sólo en España llamamos “presidente” a un funcionario burócrata que no es elegido directamente por el pueblo y que solo preside su partido político de turno (y a veces ni eso).


7 de Enero: El Gobierno chino asegura haber encontrado la causa del Covid-19 en un nuevo virus del género betacoronavirus, al que llaman Sars-Cov-2. Los estudios científicos publicados no presentan la demostración del aislamiento y purificación del virus por ultracentrifugación diferencial isopícnica, y por lo tanto, no cumplen los protocolos virológicos para el descubrimiento de un virus, mucho menos para determinar el origen de una enfermedad. Aun así, los restos proteicos de células dañadas y su secuenciación del genoma a través de softwares, sirven en este caso excepcional, para que la Organización Mundial de la Salud ratifique el descubrimiento del Gobierno Chino.


13 de Enero de 2020: El funcionario Pedro Sánchez nombra el gobierno de España en su décimocuarta legislatura, destacando a su viceministro de Agenda 2030 y de Derechos Sociales, Pablo Iglesias. Es decir, que el ministro responsable de la Agenda 2030 es el mismo ministro responsable de las residencias de ancianos, insosteniblemente atestadas desde una perspectiva neomalthusiana.


20 de Enero de 2020: Se celebra el Foro de Davos, organizado por el World Economic Fund, que organizó Event201.


21 de Enero de 2020: Pedro Sánchez se reúne con Alexander Soros, hijo de George Soros, miembro del World Economic Fund y dueño del complejo institucional Open Society Foundations.


30 de Enero de 2020: La Organización Mundial de la Salud (ONU) declara la emergencia de salud internacional por el Sars-Cov-2. Esto es importante: no declara la emergencia por la enfermedad (Covid-19) sino por un virus que aún no se ha descubierto según los protocolos de virología (Sars-Cov-2). Aun así, con base en estudios insuficientes, la OMS empieza a dar directrices sin fundamento científico para evitar su propagación y contagio.


11 de Febrero: El congreso de los diputados español da luz verde a la proposición de ley socialista de la Eutanasia. La mayoría parlamentaria respalda una de las más ignominiosas leyes presentadas en la cámara. Los ministros socialistas, sin pronunciar ni una sola vez la palabra “eutanasia”, se vanaglorian con otro eufemismo a su vez, el de “Muerte Digna”, tal y como sus homónimos alemanes del Partido Nacional Socialista decían “Gnadentod” para referirse a la Aktion T4 en 1940.


Febrero de 2020: Mientras se confirman los casos de Covid-19 en Europa y Estados Unidos, la Universidad Johns Hopkins, organizador de Event201, se convierte en el observador oficial de la enfermedad y de la propagación de un virus que seguía sin ser aislado ni purificado por centrifugación. Incluso, promovida por la OMS, arrancó una absurda carrera de obtención de una supuesta vacuna por diversos laboratorios, y de forma paralela se creó una próspera y lucrativa industria alrededor de los testes de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) sin ningún tipo de fiabilidad.


9 de Marzo de 2020: En base a modelos matemáticos demostradamente falaces, el Imperial College (institución que forma parte del “triángulo dorado” académico del fundador de la eugenesia, Sir Francis Galton) perpetra el llamado Report 9, un estudio pseudo-epidemiológico que sirve de base para imponer, por primera vez en la historia de la humanidad, una draconiana cuarentena masiva a la población saludable, ante lo que hasta entonces era oficialmente una epidemia. Los resultados del estudio son tan poco creíbles, que no se los cree ni su responsable, Neil Ferguson, que dimite meses después tras ser descubierto in fraganti violando su propia cuarentena con su amante.


11 de Marzo de 2020: La Organización Mundial de la Salud declara oficialmente la pandemia en base a un memorando que redefine el concepto de pandemia sólo ocho meses antes. Es decir, que modificaron lo que resulta ser una pandemia ad hoc, premeditadamente, para esta urgente declaración.


14 de Marzo de 2020: Pedro Sánchez declara el Estado de Alarma en España y con él se da inicio a un experimento inédito de darwinismo social basado en la tortura psicológica y física de más de 46 millones de ciudadanos con el claro objetivo de su control mental y social a través de la histeria de masas y el shock postraumático.


Finales de Marzo de 2020: Con más experiencia que los españoles, algunos médicos italianos empiezan a desoír las directrices de la OMS y, por observación clínica, reportan anomalías de la enfermedad que no se corresponden con cuadros por coronavirus. Se empiezan a realizar estudios que relacionan la enfermedad con otros factores no víricos, así como el estrés celular causado por exposición a radiaciones electromagnéticas y su consecuente shock en el sistema inmunológico. También se realizan estudios que muestran tratamientos efectivos para el enfermo y que son insistentemente obstaculizados por la OMS, como el uso de corticoides y de dióxido de cloro. Asimismo se incumplen las directrices oficiales de incineración o sepultura rápida con algunos fallecidos, y se empiezan a realizar las primeras autopsias.


31 de Marzo de 2020: Pedro Sánchez realiza un Decreto-Ley para “ayudar económicamente” con 15 millones de euros a los medios de información. Proporcionalmente, son Atresmedia y Mediaset, los más beneficiados por el riego de dinero. La mayoría de las televisiones y las de más influencia, pertenecen a estos dos grupos mediáticos, todas ellas, serviles al gobierno. Comienza una campaña de manipulación masiva en las televisiones, mientras que los poquísimos periodistas críticos que restan, se quedan a verlas venir con un análisis raso y superficial para la gravedad y envergadura de los acontecimientos.


7 de Abril de 2020: El GeBank del National Center for Biotechnology Information, asegura contar con quinientas secuencias genómicas extraídas a partir de células dañadas de diferentes enfermos de Covid-19, lo que da pie al desarrollo de una vacuna transgénica de ADN/ARN sintético para un virus del que no se sabe a ciencia cierta ni su mera existencia. Se trataría de la primera vacuna de ARN modificado suministrada masivamente y no podría cumplir los requisitos mínimos de seguridad en tan pocos meses. Se trata de una vacuna transgénica universal cuyo plan de implementación se remonta a 2018.


Marzo-Abril-Mayo de 2020: Se produce una masacre de ancianos en las residencias españolas difícil de mensurar, en parte por su rápida ejecución y en parte por la falta de transparencia de las autoridades políticas y sanitarias del país. La cifra oscilaría entre 20.000 y 30.000 muertos. Los fallecidos mostraban neumonías bilaterales verdaderamente raras, nunca antes causadas de esa manera por un virus del tipo betacoronavirus. Asimismo, en dos de las regiones más afectadas por este genocidio, Madrid y Cataluña, se impone un injustificado triaje de guerra en los hospitales, con el que dejan de ingresar a los ciudadanos de más de 80 años. Más aún, en Cataluña y posiblemente en otras regiones, se suministra midazolam, un sedante usado en inyecciones eutanásicas, a pacientes cuya insuficiencia respiratoria no respondía a una básica y corta oxigenoterapia. Por lo tanto, no sólo se dejó morir a miles de ciudadanos españoles (lo que ya sería grave) sino que se les dio muerte de forma sistemática y premeditada.


Mayo de 2020: Se confirma una reacción autoinmune en forma de tormenta de citoquinas en los pacientes graves de Covid-19. La formación de coágulos compromete el riego sanguíneo, lo que puede llevar a la falencia de órganos y a la muerte. Paralelamente se constata en varios países una correlación estadística entre la mortalidad y letalidad por covid-19, y la cobertura de la vacunación de la gripe estacional (influenza).


Mayo de 2020: Médicos españoles constatan esa relación estadística a nivel nacional y a nivel interprovincial entre mortalidad por Covid-19 y la vacuna de la gripe estacional, y observan una posible interferencia inmunológica con la vacuna chiromas© y su excipiente Polisorbato 80, vacuna aplicada especialmente al sector poblacional de más de 65 años.


21 de Mayo de 2020: Se aprueba la orden ministerial en España que obliga al uso de mascarilla (aunque sean caseras, de trapo), a pesar de la ausencia de respaldo científico para evitar contagios víricos con un mero trapo. La orden se mantendrá vigente después del fin del Estado de Alarma de forma indefinida, explícitamente, “hasta que haya una vacuna”.


1 de Junio de 2020: El Fondo Monetario Internacional sigue realizando informes sobre la destrucción sin precedentes de las economías de las naciones, y concluye la revisión del programa de crédito Standby de ayuda por el Covid-19 a países de Hispano América para iniciar una campaña de presión y chantaje financiero a nivel global .


21 de Junio de 2020: Finaliza oficialmente el Estado de Alarma en España tras más de 3 meses de lockdown. El auxiliar administrativo de Open Society, Pedro Sánchez, proclama el inicio de "La Nueva Normalidad" (un vomitivo y psicopático doublethink orwelliano que será repetido por todas las televisiones). 


21 de Junio de 2020: Comienza el verano en Europa y se constata una reducción inexplicable de muertes para una epidemia vírica, sobre todo si esa reducción de mortalidad va acompañada de un aumento de presuntos contagios, constante durante todo el verano.


15 de Julio de 2020: Se aprueba el Reglamento de la Unión Europea 2020/1043, que permite “el suministro de medicamentos para uso humano que contengan organismos modificados genéticamente”, en clara alusión a la vacuna transgénica sintética de Sars-Cov-2.


31 de Julio de 2020: El PIB español cae en su segundo trimestre un espeluznante 22,1%, el mayor desplome de su historia. Países de su entorno experimentan caídas también graves, significativamente inferiores.


16 de Agosto de 2020: Manifestación multitudinaria en Madrid contra el engaño masivo y el plan eugenista de la OMS y del servil Gobierno de España. Consecuente ninguneo y ridiculización de los medios de información de masas.


19 de Agosto de 2020: Esos mismos medios de información de masas reciben la segunda inyección de dinero público (10 millones) aprobada un mes antes por el Gobierno de España. Paralelamente el Gobierno catalán, el Govern nacionalista, hace lo propio con sus medios afines con 3 millones de euros.


20 de Agosto de 2020: Hasta 30 vacunas de Sars-Cov-2 diferentes en la panorámica de proyectos de la OMS, muchas de ellas modificadas genéticamente y de ADN sintético, y con previsión de comercialización en 2021. No hay forma científica de poder garantizar la seguridad de esta vacuna transgénica a varios años vista, muchísimo menos por lo tanto, en unos pocos meses. Además, se sabe que la encima receptora ACE2 de la proteína especular S1 con la que trabaja esta vacuna transgénica, se expresa en las gónadas, lo que supone un severo riesgo para el sistema reproductor, es decir, que la vacuna universal del Sars-Cov-2 ataca la unidad funcional para la transmisión de caracteres hereditarios del ser humano. Con todo rigor, un genocidio.


Y esta es, hasta hoy, 29 de Agosto, su crónica. ¿Van a detenerse aquí? No hay evidencias para pensarlo. Al contrario: todo indica que lo ocurrido en 2020 no pasa de meros preliminares. Iré actualizando esta crónica periódicamente.




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